
Hay una parte de la iglesia de Sant Agustí, en la Rambla Vella, que lleva más de un siglo sin que nadie pueda bajar. Se trata de una cripta funeraria construida entre los siglos XVI y XVIII, de unos diez metros de largo por tres y medio de ancho y algo más de tres metros de altura, que ha permanecido inaccesible desde que las obras de renovación del pavimento de los años setenta la rellenaran de tierra y cascotes. El acceso se hace a través de dos pequeños agujeros bajo el suelo de la nave central, que dan a un pasillo hoy colmatado. En las paredes interiores se ven huecos empotrados que recuerdan a las catacumbas romanas.
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La intervención para recuperarla arrancó la semana del 22 de julio y se prolongará aproximadamente tres semanas. Con un presupuesto de 30.000 euros financiado mediante una subvancia de la Generalitat, los trabajos consisten en retirar los rellenos bajo control arqueológico para dejar al descubierto la cripta, documentar sus fases constructivas y mejorar sus condiciones de conservación, con un estudio antropológico paralelo de los restos humanos. En 2012 ya se había realizado un estudio preliminar no intrusivo que documentó su existencia y valoró su estado; desde entonces se sabe que, por la humedad del espacio, los restos óseos están en proceso de cristalización.
El Arzobispado estima que allí descansan unas veintiuna personas. Las hipótesis apuntan a los jesuitas y agustinos que ocuparon el templo antes de que los claretianos del Cor de Maria se hicieran cargo en 2014, aunque no se descarta la presencia de benefactores o miembros de los gremios de los Pagesos y Marejants, ya que la iglesia fue sede canónica. Roser Martín, secretaria técnica de Patrimonio Inmueble del Arquebisbat, ha señalado que, por el momento, hay muchas hipótesis y pocas certezas. Ignasi Durany, rector de la parroquia de Sant Francesc d'Assís, a la que está integrada Sant Agustí, ha subrayado la necesidad de dar una «sepultura digna» a los restos hallados.
La recuperación forma parte de un proyecto más amplio de musealización del templo, impulsado por la Agrupació d'Associacions de la Setmana Santa de Tarragona, que tiene allí su sede y custodia los diez pasos procesionales. La idea es que la cripta sea visitable en 2028, coincidiendo con el centenario de la entidad, aunque no se descarta una apertura parcial antes.
Para situar el edificio: su construcción comenzó en 1576, tras la muerte del cardeal Cervantes, y las partes esenciales se terminaron hacia 1584. Perteneció a la Compañía de Jesús y fue bendecido bajo la advocación de los Santos Reyes; en 1780, tras la expulsión de los jesuitas por orden de Carlos III, lo ocuparon los agustinos, que le dieron su nombre actual. Con la desamortización de Mendizábal en 1835 fueron expulsados también y el convento se convirtió en cuartel, aunque se mantuvo el culto. En 1990 el templo se sometió a una profunda restauración y, desde 2014, depende de la parroquia de Sant Francesc d'Assís. El escudo de la fachada, obra de Onofre Morell, está protegido y declarado Bien Cultural de Interés Nacional.
Fecha de publicación
23 de julio de 2026
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