
En el Callejón de la Caridad de Talavera de la Reina hubo un local que forma parte de la memoria musical de la ciudad: La Buhardilla. El establecimiento, conocido en su momento como un sitio de moda, cambió después de nombre y pasó a llamarse The Sweet Lord. Hoy su interés está ligado a la historia del lugar y a los artistas que actuaron allí, más que a una visita como negocio en funcionamiento.
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La escena que ha quedado asociada a La Buhardilla tiene como protagonistas a Joaquín Sabina y Javier Krahe. Ambos ofrecieron allí una actuación cuando todavía estaban construyendo sus respectivas trayectorias. La anécdota tiene un punto muy concreto: el dinero reunido con el concierto les sirvió para comprar los billetes de autobús de vuelta a Madrid. No hace falta adornarla demasiado; basta con imaginar aquel pequeño escenario y a dos nombres que, con el tiempo, acabarían ocupando un lugar destacado en la canción de autor española.
Sabina, nacido en Úbeda en 1949, ya había empezado a escribir poemas y canciones desde adolescente. Su carrera discográfica arrancó con Inventario, publicado en 1978, y en 1981 grabó La mandrágora junto a Krahe y Alberto Pérez. Ese disco en directo se convirtió en una referencia para entender una etapa de la canción de autor en España, marcada por las letras, el humor y los formatos cercanos. Años después llegarían trabajos como Hotel, dulce hotel, Física y Química o 19 días y 500 noches, además de sus giras y colaboraciones con Joan Manuel Serrat.
Krahe tenía un perfil distinto, aunque compartía con Sabina el gusto por las letras trabajadas y la ironía. Nacido en Madrid en 1944 y fallecido en Zahara de los Atunes en 2015, se definía como “cantante letrista” y no se sentía especialmente cómodo con las etiquetas de cantautor o poeta. Empezó a escribir letras antes de dedicarse a cantar y estuvo muy influido por Georges Brassens y Leonard Cohen. Su discografía incluye títulos como Valle de lágrimas, Corral de cuernos, Dolor de garganta y Las diez de últimas, además de los trabajos vinculados a la discográfica 18 Chulos.
Pasear por el Callejón de la Caridad permite acercarse a ese episodio desde el propio escenario urbano donde ocurrió. La Buhardilla ya no debe plantearse como un local al que ir a escuchar música, sino como una referencia histórica para quienes quieren conocer otra parte de Talavera: la de los espacios pequeños que acogieron actuaciones, encuentros y comienzos de artistas. En la misma calle permanecen también otros testimonios del pasado, entre ellos carteles políticos antiguos, que ayudan a entender cómo estos rincones conservan capas distintas de la historia local.
La historia de La Buhardilla encaja en un plan cultural sencillo: recorrer el Callejón de la Caridad y recordar que, antes de los grandes recintos y las giras multitudinarias, muchos músicos se dieron a conocer en salas pequeñas. En este caso, la huella está relacionada con Sabina y Krahe, con una actuación cuyo beneficio tuvo un destino tan práctico como revelador: poder volver a Madrid. Es una parada para mirar Talavera desde su memoria musical, sin confundir el valor histórico del antiguo establecimiento con una recomendación de ocio actual.
Fecha de publicación
10 de septiembre de 2026
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