
Hay una forma muy particular de escuchar una iglesia románica: fijándose en sus canecillos. En la iglesia de San Esteban de Aramil, en Siero, los relieves de piedra que sostienen el alero del ábside han servido de plano para reconstruir dos instrumentos medievales que ya no se fabricaban. La iniciativa se llama «Canteros del sonido», la coordina Manuel Paz y la gestiona la Asociación Amantigua, y el resultado son una vihuela de arco, obra del luthier valenciano Asier de Benito, y un pandero cuadrado, realizado por Simón San José.
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El trabajo no fue sencillo. La piedra de los canecillos originales está muy desgastada por la intemperie, pero las figuras conservan su volumen, lo que permitió calcular la escala con exactitud. En el caso del pandero, aunque en el relieve falta la cara del intérprete, las medidas relativas al tamaño del cuerpo fueron suficientes para reconstruirlo. Las dos piezas se pueden ver en una exposición temporal en el Museo Arqueológico de Asturias, en Oviedo, junto a otras reconstrucciones hechas con el mismo método, como la rota de Santiago de Arlós, en Llanera, o la gaita medieval de la iglesia de La Oliva, en Villaviciosa. La muestra puede visitarse en el museo hasta noviembre.
Detrás hay un equipo grande: casi cien personas entre estudiosos, músicos y artesanos. El proyecto también ha salido del museo y ha llegado a los escenarios con conciertos en Langreo y en Llanera, el pasado 28 de junio, con la Orquesta de Cámara de Siero (OCAS) y solistas como Héctor Braga y Chus Solís. Es decir, que lo que empezó mirando piedras terminó sonando en vivo.
Conviene saber qué edificio ha dado para todo esto. San Esteban de Aramil, también conocida como San Esteban de los Caballeros o San Esteban de Tabladiello, es un templo románico del concejo de Siero, situado entre Rebollada y Tras la Cuadra, a unos seis kilómetros de Pola de Siero y a veintidós de Oviedo por la carretera N-634. Está declarada Bien de Interés Cultural desde 1960. La iglesia tiene una nave de planta rectangular con un ábside semicircular al este, cubierta de madera a dos aguas, y una portada principal orientada a occidente decorada con motivos en zigzag y guardapolvo ajedrezado. El ábside es lo más vistoso: veinticuatro metopas y veinticuatro canecillos con motivos geométricos, figuras humanas, animales y monstruos, entre los que aparecen dragones en los canecillos 7 y 11. La historia del templo no ha sido tranquila: se incendió el 20 de octubre de 1936 y fue restaurada posteriormente por el pintor e historiador Magín Berenguer en el verano de 1969, y rehabilitada otra vez en 1992.
El propio nombre del lugar tiene su historia. «Aramil» no volvió a usarse hasta mediados del siglo XVIII; el primer documento que lo menciona es de 1178, y la donación de Álvaro Díaz y su esposa a favor del monasterio de Valdediós figura por primera vez con el nombre de «Alamir» el 19 de mayo de 1204. La parroquia ha sido además cuna de vocaciones religiosas, entre ellas fray Joaquín de Ania, Vicente del Camino, Gerónimo de Nosti de Valdés, obispo de La Habana nacido en 1686, Diego Rodríguez, fundador de la capilla del Espíritu Santo en Aramil el 4 de abril de 1688, y fray Joaquín Fonseca Álvarez, bautizado el 10 de noviembre de 1822. La imagen de la Virgen María, de estilo tardorrománico, se conserva hoy en el Museo de la Iglesia de Oviedo.
Fecha de publicación
14 de octubre de 2026
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