
Estamos en pleno martes de Feria y, si hay algo que define estos días en Sevilla más allá del alumbrao y los volantes, es el olor a adobo que inunda las calles. Esta tradición de comer pescado frito no es algo nuevo; de hecho, se consolidó como el formato de comida para llevar tras la Exposición de 1929, aunque sus raíces vienen de mucho más atrás. Para que un cartucho sea de los buenos, el pescado tiene que estar crujiente por fuera, jugoso por dentro y, sobre todo, recién hecho. Ayer lunes celebramos la Noche del Pescaíto, marcando el inicio oficial de la fiesta, pero la ruta por las freidurías históricas es un plan que funciona perfectamente cualquier día de esta semana.
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Si empezamos por los clásicos, la Freiduria Puerta de la Carne, abierta desde 1928, es una parada obligatoria cerca de los Jardines de Murillo. Es conocida por ser de los primeros locales en ofrecer este formato para llevar y su oferta es amplísima: desde el clásico adobo y bacalao hasta buñuelitos de merluza o huevas. Los precios suelen rondar los 8 euros por cada cuarto de kilo. No muy lejos, en la zona del Arenal, se encuentra la Freiduria El Arenal, que data de 1904. Aquí el secreto está en el uso de harina de Mairena del Alcor y sus tres grandes freidoras donde preparan puntillitas y chocos. En la calle García de Vinuesa, La Isla sigue siendo un referente desde 1938, especialmente si buscas sus famosas huevas de merluza fritas o las gambas rebozadas en un ambiente que permite comer allí mismo.
Cruzando el puente, Triana mantiene su propia esencia con locales como la Freiduria Reina Victoria, un negocio familiar con medio siglo de historia en la calle Rodrigo de Triana donde la merluza y los chocos son los protagonistas. Si prefieres algo más específico, en la calle San Jacinto, Alboreá destaca por sus tortillitas de camarones, mientras que en el Mercado de Triana, el Bar La Muralla ofrece una opción más informal. De vuelta al centro, es imposible no mencionar a Blanco Cerrillo en la calle José de Velilla; aunque abrieron en 1926, sus icónicos boquerones en adobo se convirtieron en leyenda en los años 60. También en la Plaza del Salvador, la freiduria homónima sigue siendo el punto de encuentro para acompañar el cazón con un botellín.
Para quienes buscan alejarse un poco del bullicio del centro, hay opciones con mucha solera en otros barrios. La Freiduria Mara, en la Avenida de Llanes, lleva casi cincuenta años sirviendo buñuelos de bacalao y salmonetes, mientras que El Arrecife, en El Plantinar, es valorado por la frescura de su género. Si para la cena de ayer buscabas algo más organizado, sitios como Casa Aníbal ofrecieron menús cerrados con platos típicos de feria como las papas aliñás y el solomillo al whisky. Sea cual sea el barrio, el formato del cartucho sigue siendo la forma más auténtica de disfrutar de esta gastronomía, aunque conviene tener en cuenta que durante estos días de abril la afluencia es mucho mayor de lo habitual.
Fecha de publicación
21 de abril de 2026
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