
Cuando pensamos en la Sevilla de los siglos XVI y XVII, solemos imaginar barcos en el Guadalquivir, mercancías llegadas de ultramar y el movimiento del Arenal. Pero detrás de todo aquello había una herramienta mucho menos visible y decisiva: el Padrón Real, el mapa maestro de la Corona española. Se elaboraba y corregía en la Casa de la Contratación, y reunía los datos que llegaban de cada expedición para convertirlos en cartas náuticas autorizadas. Desde Sevilla se organizaban rutas, se formaban pilotos y se controlaba buena parte del comercio transatlántico.
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El sistema empezó a tomar forma en 1508, cuando Fernando el Católico creó el cargo de Piloto Mayor de Castilla. El primero fue Américo Vespucio, que vivía en Sevilla y se encargó de mantener actualizado el padrón, enseñar navegación y examinar a los pilotos. Quienes regresaban de América tenían que entregar diarios, cálculos y dibujos de las costas; los cosmógrafos revisaban esa información y decidían qué podía incorporarse al mapa. Desde el 2 de agosto de 1527 pasó a llamarse Padrón General. El documento se guardaba en un arca con dos cerraduras, cuyas llaves estaban en manos del Piloto Mayor y del cosmógrafo mayor. No era un mapa para mirar tranquilamente, sino una pieza de trabajo y también de control: navegar con cartas no autorizadas por Sevilla podía acabar en multas y en la pérdida de la licencia para mandar un barco.
La Casa de la Contratación, fundada en 1503, fue el centro de esta actividad. Primero ocupó las Atarazanas Reales y después se instaló en el Real Alcázar, en la zona de la sala de los Almirantes. Allí se registraban navíos, se concedían licencias, se preparaban flotas, se formaban pilotos y se custodiaban documentos e instrumentos. El Padrón se actualizaba con cada nuevo viaje, de modo que no ha llegado hasta nosotros un ejemplar completo: las versiones antiguas quedaban obsoletas y se sustituían. Sí se conservan cartas derivadas y copias parciales, como el Planisferio Salviati o varios mapas entregados a figuras de la época.
Para seguir la huella de aquel entramado por Sevilla, el recorrido puede continuar en la Torre del Oro, en el Paseo de Cristóbal Colón, donde el Museo Naval repasa la relación entre la ciudad, el río y las expediciones. La torre está abierta de lunes a viernes de 9:30 a 19:00 y sábados y domingos de 10:30 a 19:00, según uno de los horarios recopilados; otra referencia adelanta el cierre a las 18:45. La entrada indicada es de 3€, con tarifa reducida de 1,50€ para estudiantes y jubilados, y acceso gratuito para menores de 6 años y los lunes.
A pocos pasos, la Casa Lonja, actual Archivo General de Indias, permite acercarse a la parte documental de esta historia. El edificio se construyó entre 1585 y 1598 para el Consulado de Cargadores a Indias y desde 1785 reúne fondos sobre la administración, los viajes y el comercio con los territorios de ultramar. Sus colecciones incluyen más de 43.000 legajos, unos 8.000 mapas y planos y alrededor de 80 millones de páginas. La visita es gratuita: abre de martes a sábado de 9:30 a 17:00, con último acceso a las 16:30, y domingos y festivos de 10:00 a 14:00. Los lunes permanece cerrado.
El Padrón Real no era solo una representación del mundo conocido. Era el resultado de juntar navegación, cartografía, comercio y decisiones de la Corona en una misma ciudad. En Sevilla se recibían los datos, se comprobaban, se dibujaban y se convertían en instrucciones para los siguientes viajes. Esa cadena de trabajo explica el papel que tuvieron el Alcázar, la Torre del Oro, la Lonja y el puerto en la historia atlántica, y ofrece una forma concreta de leer la ciudad más allá de sus monumentos: como un lugar donde los mapas se hacían, se corregían y se utilizaban para organizar el océano.
Fecha de publicación
15 de septiembre de 2026