
Hay barrios que parecen haberse quedado quietos mientras el resto del mundo corría, y Torredondo es uno de ellos. Apenas diez kilómetros del casco urbano de Segovia, este barrio conserva una tranquilidad casi rural y un carácter castizo que se nota en cuanto uno pone un pie en sus calles. Desde el viernes 21 y hasta hoy domingo 23 de agosto, Torredondo ha estado celebrando sus fiestas patronales en honor a San Bartolomé, con una programación pensada para toda la familia que mezcla tradición y ocio popular sin pretensiones.
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El arranque fue el viernes 21, con una tarde diseñada para el público más pequeño: a las 18:30 llegó la fiesta de la espuma, seguida a las 20:30 del aperitivo vecinal y, ya de noche, a las 22:00, de la disco móvil que puso el ambiente. El sábado 22 fue el día grande, el que mejor resume el espíritu del barrio. Empezó temprano, a las 10:00, con la rebolada mañanera acompañada por la charanga Tanami, y a las 11:00 llegó el momento más solemne: la santa misa y la procesión, con los dulzaineros marcando el paso. A las 13:30, la asociación de vecinos puso el aperitivo, y por la tarde el barrio se convirtió en un pequeño concurso gastronómico: a las 19:30 se eligieron las mejores tortillas y postres, y a las 20:00 se sirvieron bocatas y limonada por dos euros. La noche siguió con el concurso de disfraces y el karaoke a las 20:30, la charanga Tanami a las 22:00 y, ya de madrugada, otra sesión de disco móvil.
Hoy domingo 23 el programa baja el ritmo y se centra en la mesa y la convivencia. A las 14:00 se sirve la paella, que corre a cargo de «La Trébede» —doce euros para los adultos y seis para los niños—, y a las 18:00 hay chocolate para todos. El broche final llega a las 20:00 con el cine al aire libre, una forma tranquila de cerrar tres días que se viven más como una reunión vecinal que como unas fiestas grandes.
Para quien no conozca el sitio, Torredondo tiene historia de sobra. El barrio está anejado a Segovia y su patrono es San Bartolomé; sus orígenes se remontan al siglo XIII, cuando se le conocía como Oter Redondo. En la parte meridional, sobre un promontorio, se alza la iglesia románica de San Bartolomé, y cerca hay un puente de piedra de un solo ojo que servía para salvar el río Milanillos. La tradición local se completa con la leyenda de los cerros Montón de Trigo y Montón de Paja, dos nombres que cuentan mucho más de lo que parecen a primera vista. Es, en definitiva, un rincón que conserva su identidad y que cada agosto vuelve a reunirse en torno a lo mismo: buena mesa, música de charanga y una procesión que no ha cambiado mucho con los años.
Fecha de publicación
23 de agosto de 2026
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