
A solo doce kilómetros de Santiago, en el municipio de Rois, se encuentra el Pazo do Faramello, un lugar que rompe con la estética habitual de las casas señoriales gallegas. Su origen se remonta a 1710, cuando el Marqués de Piombino, un noble genovés, decidió levantar aquí la que sería la primera fábrica de papel de Galicia. Esta herencia industrial se percibe en los antiguos molinos, los canales de agua y la presa que todavía se conservan, otorgándole un carácter de pazo industrial que lo diferencia de otros de la zona. El edificio principal sigue un estilo barroco compostelano con matices italianos, fruto de la historia personal de su fundador. Figuras como Rosalía de Castro, que mencionaba cómo el lugar le congelaba el alma, o Emilia Pardo Bazán, han dejado constancia de la singularidad de este enclave, que también sirvió de escenario para la novela La casa de la Troya.
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Lo que hace que la visita sea especialmente interesante en estas fechas de marzo es la integración de elementos de la cultura japonesa en su entorno natural. El pazo cuenta con unos 40 ciruelos japoneses que florecen entre finales de febrero y marzo, un fenómeno conocido como el sakura gallego. A esto se suma una colección de 80 variedades de arces japoneses y manzanos fuji, que conviven con la vegetación autóctona del cañón del río Angueira. Además, el Pazo do Faramello forma parte de la Ruta de la Camelia, albergando más de 200 ejemplares, incluyendo una variedad exclusiva que lleva el nombre del pazo. En la cultura nipona, estas flores simbolizan el amor y la felicidad, y aquí se presentan en un entorno donde el agua del río y la piedra gallega son los protagonistas.
Más allá de la botánica, el patrimonio del pazo guarda detalles curiosos como el Privilegio Real de 1815, que técnicamente permite al señor del Faramello entrar a caballo en la Catedral de Santiago, un derecho que el actual propietario, Gonzalo Rivero de Aguilar, mantiene de forma simbólica. Dentro del recinto también se puede visitar una capilla barroca de 1727, declarada Bien de Interés Cultural, cuyo retablo de madera es obra de José Gambino, un escultor que nació en el propio pazo y que se convirtió en un referente del rococó en Galicia. El entorno natural de casi 400.000 metros cuadrados ha pasado por un proceso de recuperación desde 2015 para eliminar especies invasoras como el eucalipto, permitiendo que vuelvan a verse nutrias, garzas reales o zorros rojos en las orillas del río Tinto.
Un espacio que merece una mención aparte por su carga emocional es el Xardín do Recordo. Se trata de una zona de libre acceso diseñada por la Fundación Juana de Vega tras el accidente ferroviario de Angrois en 2013. En este jardín se plantaron 81 árboles del amor, uno por cada víctima de la tragedia, cada uno con su placa correspondiente. Es un rincón de reflexión que contrasta con la exuberancia del resto de la finca y que conecta la historia reciente con el paisaje de Rois. Cerca de allí, para quienes quieran caminar un poco más, se encuentra el castro de la Reina Lupa, sumando otra capa de historia legendaria a una excursión que combina el patrimonio industrial, la literatura y una curiosa fusión floral entre Galicia y Japón.
Fecha de publicación
25 de marzo de 2026
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