
Santiago de Compostela tiene un pasado que no se ve desde la ciudad. En 1985, una prospección arqueológica sistemática del municipio dejaba apenas seis estaciones rupestres conocidas; cuatro décadas después, el catálogo de Patrimonio Cultural contabiliza 57, y más de cuarenta se descubrieron o localizaron en los últimos años. El salto importante llegó en 2013 con las prospecciones del Colectivo A Rula, centradas en el Monte San Miguel y en Villestro, en la salida occidental de Santiago, junto al itinerario de peregrinos hacia Fisterra y Muxía. El aumento se explica por patrimonio que estaba cubierto por vegetación, erosionado o en montes no estudiados, revelado tras estudios de impacto de la red de gas, prospecciones en Roxos y Monte Pedroso y los trabajos para el PXOM aprobado en 2007.
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Un incendio en 2016 dañó el conjunto de Villestro y destruyó un petroglifo, pero la desaparición de la vegetación dejó superficies de roca expuestas y permitió localizar nuevos grabados: en apenas un año se catalogaron 83 nuevos petroglifos entre Santiago, Ames y Teo. Muchos se sitúan en la Edad del Bronce, aunque no todos son del mismo periodo. Los motivos frecuentes son cazoletas y combinaciones circulares, con animales, armas y figuras humanas; numerosas estaciones ocupan elevaciones y laderas con dominio visual sobre el territorio.
Entre los hallazgos destaca Pedra da Loba (Os Cortellos III), descubierta en Villestro en 2016 por el Colectivo A Rula. Ubicada en la parroquia de Santa María de Villestro, en el lugar Monte San Miguel, es un panel de granito a ras del suelo orientado hacia el valle de Roxos, con motivos mayoritariamente naturalistas: al menos 21 animales, figuras esquemáticas y varios jinetes montando a caballo. Se aprecia un gran ciervo macho con cornamenta de siete grandes puntas, varios caballos y al menos dos équidos montados por figuras humanas, además de combinaciones circulares de pequeño tamaño y cazoletas. El conjunto parece representar una escena de caza o de conducción de una manada de herbívoros. La recomendación para verla es ir a primera hora de la mañana o un día de lluvia, con la piedra mojada.
Otro es el Petroglifo de Castriño de Conxo (Castro da Rocha), en la parroquia de Santa María de Conxo, en el lugar Volta do Castro, entre A Rocha y Santiago, pegado a la carretera N-550. Es un yacimiento de la cultura castreja, de la Edad del Hierro, datable entre el siglo VII a.C. y el I a.C., aunque una fuente lo sitúa en el tercer milenio antes de Cristo. La roca con los petroglifos está en el parapeto del castro y fue descubierta a finales de mayo de 1935 por el joven Ramón Sobrino Lorenzo-Ruza junto a su padre, Ramón Sobrino Buhigas. Representa armas vinculadas a los modelos británicos de la cultura de Wessex, datables alrededor del III-II milenio antes de Cristo: cuatro alabardas, nueve espadas, dos puñales y cuatro figuras triangulares interpretadas mayoritariamente como escudos. La mejor hora para ver los grabados es la primera hora de la mañana; el acceso no está señalizado, pero hay un panel interpretativo y el camino no presenta especiales problemas de tránsito, aunque a veces la vegetación oculta parte de su trazado.
En Correxíns, al pie del Pedroso, aparecen grandes combinaciones de círculos concéntricos, con el mayor motivo llegando a ocho anillos. En A Pedra que Fala, en San Xoán de Fecha, conviven cazoletas y combinaciones circulares atribuidas a la Prehistoria con cruces, herraduras y grabados históricos. El proyecto Compostela Rupestre une a los municipios de Ames, Brión, Santiago, Teo y Val do Dubra en torno al patrimonio cultural escrito en la roca. Teo cuenta con unas treinta estaciones catalogadas: en Río Angueira II se ha identificado una posible escena de caza de ciervos con jinetes y en Outeiro do Corno una espada o puñal junto a una figura poco habitual. En torno a Monte Piquiño se concentran petróglifos y decenas de mámoas, treinta y tres mámoas y once petróglifos. El petroglifo de Monte Castelo fue documentado a comienzos del siglo XX y dibujado para la Exposición Regional Gallega de 1909; el Colectivo A Rula lo localizó nuevamente en 2015. El incendio iniciado en Herbón y extendido hacia Teo afectó el entorno arqueológico de Monte Piquiño, dañando gravemente algunas mámoas por las devasas realizadas por los brigadistas. La renovación del proyecto Compostela Rupestre permitirá continuar con la investigación, la conservación y la divulgación en los cinco municipios implicados.
Fecha de publicación
20 de septiembre de 2026
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