
El fin de semana pasado el muelle del Almirante, en la Estación Marítima, tuvo un visitante poco habitual. El patrullero de altura Arnomendi (P-63) hizo escala en Santander del viernes 18 al domingo 20 de septiembre, y durante esos tres días abrió sus puertas al público para que cualquiera pudiera subir a bordo y ver de cerca cómo es la vida dentro de una embarcación oficial de la Armada. La entrada era gratuita y la organización corrió a cargo de la Comandancia Naval de Santander.
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Las visitas se repartieron en tres jornadas con horarios pensados para que cupiera casi todo el mundo. El viernes 18 se pudo subir de 16:00 a 19:00; el sábado 19 y el domingo 20 hubo doble turno, de 10:00 a 13:00 y otra vez de 16:00 a 19:00. El buque permanece atracado hasta hoy lunes 21, así que quien se haya quedado con las ganas podrá verlo al menos desde tierra antes de que levante anclas.
Para quien no lo tenga muy presente, el Arnomendi no es un barco cualquiera. Es el tercer buque de la clase Chilreu, construido en el año 2000 en los astilleros Freire de Vigo, en Pontevedra, y está encuadrado en las Unidades de la Fuerza de Acción Marítima con base en Ferrol. Su misión principal es la vigilancia, la inspección y el apoyo a la flota pesquera, tanto en pesquerías internacionales como en los caladeros nacionales, un trabajo que combina patrullaje con labores administrativas y de control.
La escala no era una parada turística, sino una pausa dentro de una campaña muy concreta. El Arnomendi participa en la 'Campaña Costera del Bonito', incluida en el Plan General de Vigilancia de Pesca, y también en el Plan de Despliegue Conjunto para pesquerías de especies demersales y pelágicas en las aguas de la Unión Europea del Atlántico Nororiental. En la práctica, eso significa pasar los días verificando la presencia de buques nacionales y de otros estados miembros, inspeccionando las capturas, revisando las artes de pesca, vigilando que se respeten las zonas y los periodos de veda y prestando apoyo a la flota pesquera. Para ese trabajo, el buque navega con una dotación de 36 personas más un inspector de la Secretaría General de Pesca.
Subir a bordo daba una idea bastante clara de lo que implica ese día a día. Entre los pasillos y las cubiertas se podía notar la diferencia entre un barco de recreo y una unidad diseñada para pasar semanas en el mar vigilando caladeros. Para el público general, y sobre todo para las familias con niños, fue una oportunidad poco habitual de conocer por dentro un buque que normalmente solo se ve desde lejos en el horizonte. La Comandancia Naval aprovechó la escala para acercar la Armada a los vecinos, algo que no ocurre todos los días en el puerto.
Así que, si te lo perdiste, ya sabes qué se quedó en el muelle este fin de semana. Y si te quedaste con ganas de saber más sobre este tipo de barcos, merece la pena seguir atento a las próximas escalas, porque son la forma más sencilla de entender qué se hace realmente en el mar más allá de las noticias.
Fecha de publicación
21 de septiembre de 2026