
Si eres de los que piensa que la esencia de Santander se respira entre puestos de mercado, el Mercado de la Esperanza sigue siendo la parada obligatoria. Este edificio modernista de 1904, construido en hierro y piedra tras el Ayuntamiento, mantiene su estructura de dos plantas donde el producto local es el protagonista absoluto. En la planta baja, el despliegue de pescados y mariscos del Cantábrico es constante, mientras que arriba se concentran las carnicerías, frutas y lácteos. Es un lugar donde todavía se puede ver el ritmo real de la ciudad, especialmente los días de mercadillo exterior, como los martes o viernes para productos del campo. Además, iniciativas como el Aula Saludable con el chef Floren Bueyes intentan acercar la cocina de mercado a quienes buscan algo más que llenar la cesta de la compra.
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Por otro lado, el Mercado de Puertochico ha dado un giro importante tras su reforma finalizada a finales de 2024. Ahora conviven los puestos tradicionales de toda la vida, como la Carnicería Castillo o Frutas Angelines, con una zona de restauración que ha revitalizado la calle Andrés del Río. Es un espacio cómodo para picar algo después de comprar, con opciones como Quesoba, donde trabajan quesos artesanos del Valle de Soba. Si te pilla por la zona un día de diario, el horario se extiende hasta las ocho de la tarde, lo que facilita pasarse al salir del trabajo. Justo encima, el Centro Cultural Doctor Madrazo complementa la visita con su agenda de exposiciones y charlas, ocupando lo que antiguamente fue el mercado de pescado.
Para los que prefieren sentarse a mesa puesta tras el paseo por los mercados, la calle Tetuán mantiene su identidad gastronómica intacta. Es una zona peatonal donde conviven clásicos como el Marucho, centrado en el producto del mar sin artificios, con propuestas algo más actuales como Tetuán 23, que apuesta por platos para compartir como las croquetas de erizo o la ostra en tempura. También hay hueco para la cocina de autor en el Magnolia o los asados tradicionales en el Lechazo Aranda. Es un recorrido que permite entender por qué Santander sigue debatiendo sobre su calidad gastronómica: entre la tradición del mercado de abastos y la renovación de sus zonas de tapeo más emblemáticas.
Fecha de publicación
12 de abril de 2026
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