
Últimamente, no paramos de ver cómo edificios que han marcado la historia de Santander están encontrando una segunda vida. No hablamos solo de rehabilitar fachadas, sino de transformaciones completas que cambian su uso original, a menudo religioso o administrativo, para adaptarlos a las necesidades de la ciudad moderna, ya sea para vivienda, turismo o cultura.
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El caso más reciente y comentado es el del antiguo convento de los franciscanos en Perines. Este edificio, que llevaba casi seis años vacío, está en pleno proceso de metamorfosis. La promotora Lisorta adquirió una parte importante, unos 1.600 metros cuadrados, para convertirlos en 24 pisos turísticos y estudios. Las obras de demolición interior ya han empezado y la idea es que estos apartamentos estén listos para recibir huéspedes a partir de septiembre de este mismo año. Lo interesante es que la reconversión es parcial: de los 4.500 metros cuadrados totales, la iglesia y la sacristía (unos 2.300 metros cuadrados) siguen siendo de uso religioso y están gestionados por el Obispado, manteniendo así su función parroquial en el barrio. Además, la empresa Estudios Aránzazu también compró otra parte del espacio no religioso para ampliar su apartahotel, que ya está justo al lado.
Este tipo de proyectos, donde el patrimonio se reutiliza, es una tendencia clara en Santander. La ciudad tiene varios ejemplos de edificios emblemáticos que han pasado por un cambio radical de función. Piensa, por ejemplo, en el Antiguo Hospital de San Rafael en la Calle Alta. Este edificio neoclásico, que data de 1787 y fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC), dejó de ser un centro sanitario para convertirse en la sede del Parlamento de Cantabria tras una rehabilitación en 1987. O el Convento de las Madres Clarisas de Santa Cruz, también en la Calle Alta, que tras perder su uso religioso en 1835, se transformó en una fábrica de tabacos y hoy alberga dependencias administrativas.
Otro ejemplo de gran escala que está a punto de culminar es el de la antigua sede del Banco Santander en el Paseo de Pereda. Este edificio histórico, que ha dominado la bahía durante décadas, se está transformando en el Faro Santander, un centro cultural y de arte que albergará la colección del Banco. Las obras están en sus remates finales y se espera que abra sus puertas en junio de 2026, ofreciendo un nuevo espacio cultural de referencia en la ciudad.
Incluso edificios con una historia más reciente han pasado por este proceso. El Mercado del Este, una joya de la arquitectura del hierro del siglo XIX, fue reconstruido y rehabilitado a principios de los 2000 para seguir siendo un espacio comercial y de ocio. O el Palacete del Embarcadero, que pasó de ser una obra portuaria a una sala de exposiciones de la Junta del Puerto. También el Palacio de Riva-Herrera o Palacio de Pronillo, un palacio renacentista, se ha reconvertido en un equipamiento sociocultural, acogiendo actividades como las de Enclave Pronillo.
Estas transformaciones no solo salvan edificios del abandono, como el de Perines, sino que también redefinen el tejido urbano. Al reutilizar estas grandes estructuras, se inyecta nueva vida en barrios consolidados, ya sea atrayendo turismo, como en el caso de los franciscanos, o reforzando la oferta cultural, como con el Faro Santander. Es un equilibrio delicado entre la conservación del valor arquitectónico y la adaptación a los estándares modernos de seguridad y accesibilidad, un proceso que requiere cumplir con normativas de patrimonio, como las que rigen los Bienes de Interés Cultural (BIC) o los edificios catalogados, que establecen límites muy claros sobre qué se puede tocar y cómo. Es un recordatorio constante de que, en Santander, la historia no se derriba, sino que se reinventa.
Fecha de publicación
8 de febrero de 2026
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