
Marzo ha empezado con una noticia que los que vivimos en Santander esperábamos con ganas: la costera ya está oficialmente en marcha. Según los datos de hace apenas un par de días, los barcos han regresado a puerto confirmando que este año hay mucha más sardina que bocarte en estas primeras jornadas. Aunque el bocarte se está haciendo de rogar y ha alcanzado precios de hasta 4 euros el kilo en lonja, la abundancia de sardina es una señal clara de que ya podemos ir buscando sitio cerca de las brasas. Es el momento perfecto para acercarse a los puntos clave de la ciudad donde el producto llega directo del muelle.
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El epicentro absoluto para esto sigue siendo el Barrio Pesquero, o el Poblado Pesquero de Sotileza, como se llama oficialmente. Este rincón de la ciudad, que surgió a mediados del siglo XX para realojar a las familias marineras, mantiene intacto ese ambiente de redes y salitre. Pasear por allí estos días es ver el movimiento de la flota y oler ya el humo de las parrillas. La ventaja de comer aquí es la proximidad inmediata al muelle de descarga; la sardina que te sirven ha pasado por la lonja hace apenas unas horas.
Si te apetece el plan clásico de parrillada, en la Plaza de Cabildos tienes varias opciones que son instituciones locales. Casa Jose es un negocio familiar donde la sardina es la protagonista indiscutible de sus brasas, aunque si vas con alguien que prefiera otra cosa, sus mariscadas y el arroz con bogavante también tienen mucha fama. Muy cerca está Los Peñucas, que lleva funcionando desde 1960. Es uno de los locales con más solera y suele estar siempre animado; sus sardinas a la parrilla y sus rabas son de las que se comentan en toda la ciudad.
Para una experiencia un poco diferente en cuanto al entorno, La Gruta de Jose ofrece un comedor que imita una cueva de piedra, un sitio acogedor donde trabajan muy bien los pescados salvajes a la brasa. Y si buscas algo que respete al máximo la cocina marinera tradicional, La Nueva Gaviota es otra parada segura en el barrio, conocida por la frescura de su género y un trato muy cercano. En cualquiera de estos sitios, el ritual es el mismo: sardinas brillantes, tersas y servidas con una ensalada sencilla de tomate, lechuga y cebolleta fresca.
Si prefieres cambiar de aires y alejarte un poco del puerto, la zona de Monte, cerca del Faro de Cabo Mayor, ofrece una perspectiva distinta. Allí tienes el asador El Pozo y el restaurante Conde Luna. Ambos son opciones estupendas para una cena de marzo si el tiempo acompaña, ya que permiten disfrutar de la sardinada en un entorno más despejado. En El Pozo, además de la sardina, suelen tener muy buena mano con el bonito y los bocartes rebozados cuando hay disponibilidad.
Otra opción que nunca falla es cruzar la bahía hacia Pedreña. Puedes ir en coche o aprovechar las lanchas de Los Reginas para hacer el trayecto por mar, que siempre le da un toque especial al plan. En Pedreña se encuentra El Tronky, que para muchos expertos locales es el mejor asador de la zona. La técnica que tienen con la brasa es muy precisa y el producto siempre es de primera. También está La Trainera, que cuenta con una terraza muy agradable para degustar los pescados de temporada frente a las vistas de Santander.
Lo importante de estas primeras semanas de marzo es que la sardina viene con una calidad excepcional. Al ser el inicio de la costera, el pescado está en un momento óptimo de firmeza. Comerlas con las manos, usando un mantel de papel para no complicarse, es parte de la cultura gastronómica de aquí que no deberíamos perder. Eso sí, como la noticia de la abundancia de capturas ya corre por la ciudad, te recomiendo llamar para reservar, especialmente si tienes pensado ir al Barrio Pesquero durante el fin de semana.
Fecha de publicación
4 de marzo de 2026
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