
Las Ramblas de Santa Cruz están por cambiar. El Ayuntamiento va a ejecutar el proyecto Ramblas Vivibles, con una inversión de 90.000 euros, para recuperar la vida en la Rambla de Santa Cruz y en las avenidas de la Asunción y de Reyes Católicos. Es una de las propuestas vecinales más caras que salieron de los Presupuestos Participativos 2026, y la idea es convertir el espacio en un lugar lúdico y placentero sin meterse en grandes obras, asegurando que cada tramo conserve entidad propia.
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Lo que se va a instalar toca varios registros. En los tramos sin árboles se colocará mobiliario urbano para tomar el sol; se crearán zonas dedicadas a la venta de flores; habrá bancos y mobiliario para la lectura y el intercambio de libros; y se potenciarán las áreas deportivas. A eso se suman mesas de picnic, un quiosco de refrescos y aperitivos, y un espacio habilitado para el teletrabajo, con puntos de recarga y conexión a internet gratuita. Para darle continuidad, la zona se dinamizará con actividades como un mercadillo del agricultor los sábados.
El origen del proyecto explica bastante del asunto. Forma parte de los Presupuestos Participativos 2026, un proceso en el que se presentaron 567 acciones y acabaron ejecutándose 108 ideas con una inversión total de 2,4 millones de euros. La mayoría de esas intervenciones se mueven en el rango de los 15.000 a los 50.000 euros, así que los 90.000 de Ramblas Vivibles quedan entre las más dotadas.
Para quien no tenga presente el escenario: la Rambla de Santa Cruz es la vía diagonal principal de la ciudad, ronda los 1.900 metros de largo y tiene unos 30 metros de calzada. Nace en la Plaza de la Paz y termina en la Avenida de Anaga, con un paseo peatonal central arbolado con laureles de India, plátanos del Líbano, flamboyanes y palmeras. Históricamente, el tramo que va de la Plaza de la Paz hasta la Plaza de Toros ha sido el punto de encuentro tradicional de las familias chicharreras los domingos y festivos, un hábito que el proyecto pretende rescatar.
La propuesta se apoya en esa memoria. En lugar de una gran obra arquitectónica, apuesta por sumar usos cotidianos —flores, lectura, deporte, picnic, teletrabajo y mercado— sobre un paseo que ya tiene historia. La clave está en que cada tramo conserve su carácter, en lugar de aplicar una fórmula única a los casi dos kilómetros de recorrido. Habrá que ver cómo se distribuyen esos elementos entre la Rambla y las dos avenidas, pero el planteamiento es claro: devolverle el uso peatonal y social a un eje que, más que por su arquitectura, se reconoce por cómo lo usa la gente.
Fecha de publicación
4 de agosto de 2026
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