
Hay una casa en ruinas que resume buena parte de la historia canaria: la casa de Amaro Pargo, en el caserío de Machado, dentro del municipio de El Rosario. Conocida también como 'Casa de los Mesa' o 'Casa del Pirata', es una antigua casona canaria levantada hacia 1525, declarada Bien de Interés Cultural en 2003. Se puede ver desde fuera, en el diseminado Machado, con su patio central de casi doce metros, varias estancias, una era aledaña y unas vistas que abarcan desde Radazul hasta el Porís. Lo más reconocible es el llamado 'cuarto del vigía', que conserva una ventana de asiento de madera y un artesonado mudéjar parecido al de la ermita vecina. Antes de ser de Pargo, la casa sirvió como hospedaje para los peregrinos del Camino Viejo de Candelaria.
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El corsario la adquirió en 1744, y la escritura se conserva en la Sala de Los Hermanos de la Ermita de Nuestra Señora del Rosario. Tras la muerte de su último habitante en 1975, la propiedad entró en un abandono que aceleró el clima, el saqueo de madera y piedra y las excavaciones ilegales impulsadas por el mito del tesoro. Hoy el propietario ha presentado una propuesta de donación al Cabildo de Tenerife, ya aceptada, para restaurarla y convertirla en un Centro de Interpretación del Camino Viejo de Candelaria, una idea que defienden alumnos de la Universidad de La Laguna y el escritor Alfredo López Pérez.
Sobre el personaje hay mucha tela que descoser. Amaro Pargo nació en La Laguna en 1678 y murió allí mismo en 1747. Fue comerciante, prestamista, capitán y noble, y se ganó el apodo por el parecido con el pez. En la Carrera de Indias movió cacao, café, tabaco, malvasía, plata y sedas de China, y obtuvo su patente de corso en 1711 en nombre de Felipe V. La leyenda lo ha pintado como pirata, con tesoros ocultos y romances prohibidos, pero López Pérez, en su novela 'Amaro Pargo: fe, amor y raíces', desmonta historias como el supuesto amorío con la monja sor María de Jesús, con quien mantuvo una relación fraternal, o el tráfico de esclavos, del que no hay documento alguno. En 2010 fue denunciado por liberar a un esclavo africano llamado Sebastián. Sus restos descansan en el convento de Santo Domingo de Guzmán, en La Laguna.
La parte más curiosa llegó en 2013, cuando un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid exhumó sus restos con financiación de la empresa Ubisoft, para la cuarta entrega de Assassin's Creed. Las pruebas de ADN y la recreación del rostro describieron a un hombre de poco menos de metro setenta, curtido en la batalla. No apareció ningún tesoro, y se concluyó que alguien lo había robado tiempo atrás. Ese supuesto botín —plata labrada, joyas, perlas, porcelana china y unos 500.000 pesos fuertes— sigue apareciendo en las historias repartido por los roques de Anaga, la Punta del Hidalgo o la cueva de San Mateo.
Para verla, lo ideal es encajarla en una ruta a pie por el barranco de Jagua, el barranco de las Higueras y la carretera de Machado, que junta tres Bienes de Interés Cultural: la Ermita de Machado, el propio Camino Viejo a Candelaria y los restos de la casa. La ermita, dedicada a Nuestra Señora del Rosario y a San Amaro, guarda un retablo protobarroco de 1672 y una imagen de la Virgen del siglo XVII. Es un plan tranquilo para una mañana, con la casa como telón de fondo de una historia que mezcla corsarios, leyendas y un camino muy antiguo.
Fecha de publicación
1 de noviembre de 2026