
Si vives cerca de Santa Coloma y buscas un plan tranquilo para estos días de agosto, la Serralada de Marina es una opción que tienes casi en el patio de casa. El parque, que une la sierra de Collserola con la de Marina-Montnegre y se reparte entre Barcelona, Tiana, Santa Coloma de Gramenet, Montcada i Reixac y Sant Fost de Campsentelles, forma parte de la Red de Parques Naturales que gestiona la Diputación de Barcelona. Su gran reclamo es la biodiversidad: un estudio publicado en el 'Butlletí del Centre d'Estudis de la Natura del Barcelonès Nord' y recogido por los medios locales en julio sitúa en el parque un mínimo de 523 especies de lepidópteros, más de dos décadas de prospecciones de campo y la colección particular de Jesús Lucas, con más de cuarenta años de trabajo.
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Lo primero que sorprende es que la gran mayoría son mariposas nocturnas, los heteròcers, con los geomètrids y los noctúids como familias más representadas, que juntas superan el 40% del total. El parque funciona además como corredor biológico litoral, por el que pasan 64 especies migradoras, entre ellas la Vanessa cardui, la Autographa gamma y la Nomophila noctuella. Y no son las únicas: por aquí circulan aves migratorias como el aligot vesper, el esparver vulgar, el xoriguer comú, el àliga marcenca y el aligot comú, y se dejan ver mamíferos como el erizo oscuro, el erizo mediterráneo, la ardilla, el ratón de campo, el zorro, la garduña, el tejón, la gineta y el jabalí.
Sin embargo, el estudio también deja una nota preocupante. Los datos del Catalan Butterfly Monitoring Scheme, que hace censos visuales semanales de marzo a septiembre desde 1994 con el apoyo de la Generalitat, muestran una tendencia regresiva clara. En Can Miravitges, entre 1999 y 2025 se registraron 24.652 ejemplares de 55 especies, con valores anuales que pasaron de 1.500-2.000 en los años 2000 a menos de 1.000 en la última década. En La Conreria, en el mismo periodo, hubo 42.281 ejemplares de 52 especies, y en la Font de la Encina, entre 2023 y 2025, solo 2.690 ejemplares de 38 especies. Entre las más afectadas está la Pyronia cecilia, el lobito jaspeado, que pasó de centenares de registros anuales a unos pocos individuos desde 2019, y el brocado variable, especie protegida a escala europea, que sufrió una fuerte bajada por la sequía de 2021-2023. Las causas apuntan a periodos de sequía más largos, la pérdida de espacios abiertos por el abandono de cultivos, la fragmentación de hábitats, la presión urbanística, el uso de insecticidas y la llegada de especies exóticas invasoras como el barrenador de las palmeras y la piral del boj.
Para quien vaya a verlo, el parque está bien equipado: miradores, merenderos, fuentes y un punto de información en el área de esparcimiento de la Font de l'Alzina. El punto más alto es el cerro de Galzeran, a 485 metros, con vistas a Barcelona y accesible por un recorrido circular que parte de Font de la Teula. También están la Torre de Observación de La Coscollada en Badalona, de 466,3 metros, y el Mirador del Collet de la Vallençana. En lo histórico, el parque guarda poblados ibéricos como Puig Castellar, ocupado desde el siglo VI a.C. hasta el principio del II a.C., los monasterios de Cartoixa de Montalegre y Sant Jeroni de la Murtra, y la torre Balldovina. La flora es la típica del Mediterráneo occidental, con encinares, robledales, pinos, avellano, roble africano, alcornoque, romero y brezo, en un clima litoral con temperaturas medias alrededor de los 15 grados y precipitaciones entre 500 y 600 milímetros. La gestión se centra en conservar la biodiversidad, prevenir incendios y hacer educación ambiental, con paseos guiados y el programa 'Vive el parque', dirigido a escolares.
Fecha de publicación
14 de agosto de 2026
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