
Sant Cugat del Vallès vuelve a tener vino con sello oficial. El municipio se ha incorporado a la zona de producción de la DO Catalunya, una denominación regional que agrupa a más de 300 municipios y alcanza las 36.982 hectáreas de superficie vitivinícola repartidas entre 426 términos municipales. La ampliación suma 60 nuevos municipios al mapa, y el territorio se extiende por el noreste de la Península Ibérica, entre el Mar Mediterráneo y los Pirineos, entre los 40,3º y 42,5º de latitud Norte y entre 1º y 3,2º de longitud Este. Para hacerse una idea del tamaño del proyecto, el número de botellas comercializadas con el sello de la DO Catalunya ha pasado de 22 millones en el año 2000 a 60,3 millones actuales.
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En el caso concreto de Sant Cugat, el motor de este regreso son proyectos que recuperan viñedos que habían quedado casi desaparecidos, y que ahora se pueden descubrir a través de una ruta cultural y gastronómica. El nombre detrás de buena parte de ese trabajo es Rabassaires, un proyecto dedicado a recuperar el patrimonio vitivinícola del Vallès Occidental que mantiene viñedos históricos y planta nuevos en Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès y Terrassa, y que elabora sus vinos en una bodega urbana situada en Sabadell. De esa labor salen los vinos Cugat, tinto, y Medir, blanco, ambos de mínima intervención y fermentación espontánea, elaborados con viñedos de la Sierra de Collserola.
La DO Catalunya, por su parte, mantiene un abanico amplio de variedades de uva autorizadas para fomentar la investigación y aplicar las últimas tecnologías, con el objetivo declarado de mejorar paulatinamente la calidad de los vinos y de los viñedos. Dentro de su catálogo conviven bodegas con trayectorias muy distintas: Bach, con su gama Viña Extrísima que incluye rosé, seco blanco 2023, tinto, semidulce blanco y semidulce rosado, además del Bach Chardonnay, el Bach Frizzante Moscato y el Bach Extrísimo; Codorníu Viñas de Anna, con su Chardonnay 2025 y su Pinot Noir 2025; y Vol i Dol, con su blanco 2024 y su tinto 2023.
El renacer del vino no es el único proyecto que se mueve por el territorio. La iniciativa DeCollserola reúne a otros productores locales: Can Domènech, familia campesina con más de cuarenta años de experiencia en la agricultura y dos generaciones dedicadas a la finca, los forrajes, la fruta dulce y las hortalizas; The Buttery, proyecto familiar de Valldoreix especializado en cremas de frutos secos y granola, con su crema de cacahuete como producto estrella y un 10% de los beneficios destinado a iniciativas contra la crisis climática; La Florestina, cerveza artesanal que promueve la transformación social y la programación cultural y que, junto al tejido agroecológico local, lanzó Es Ara, la primera cerveza km 0 de Collserola; Melvida, apicultura sostenible en la Sierra de Collserola para repoblar de abejas el entorno rural; La Ortiga, nacida en 2010 para recuperar la finca municipal en abandono de Can Monmany en Valldoreix, que produce hortalizas ecológicas y distribuye cestas a domicilio; y La Rural de Collserola, cooperativa de trabajo formada en 2014 en Valldoreix por cinco socios y voluntarios que cultivan hortalizas ecológicas, plantas aromáticas y condimentarias y desarrollan un proyecto de gallinas ponedoras junto a Melvida.
Fecha de publicación
19 de agosto de 2026