
Sant Cugat del Vallès tiene un modernismo que no suele salir en las guías, y eso lo convierte en un plan cómodo: se puede ver casi todo caminando, sin colas y sin gastar un euro. La ruta se llama Modernismo entre arbres singulars y mezcla dos cosas que en esta ciudad van de la mano: las casas modernistas y los árboles catalogados por su valor patrimonial. Es un recorrido circular en sentido antihorario, de dificultad fácil, unos 2,90 kilómetros y media hora y pico por delante, con once puntos de interés repartidos por el casco urbano. Empieza y termina en la Plaça Barcelona, que fue el centro del ensanche iniciado a mediados del siglo XIX y conserva plataneros plantados por los vecinos en 1874 y mejorados por el Ayuntamiento en 1909.
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Para entender por qué el modernismo llegó aquí con retraso, hay que mirar el campo. Sant Cugat se convirtió en ciudad en 1978, pero hasta mediados del siglo XX su motor fue la agricultura, sobre todo la viña, que creció después de la Guerra del Francés gracias a la carretera de Gràcia abierta en 1877. En 1888 la filoxera frenó el crecimiento económico, y el modernismo que estalló en Barcelona entre 1888 y 1900 llegó a Sant Cugat con unos diez años de desfase. En 1879 el Ayuntamiento aprobó la urbanización del Pla del Vinyet, el Ensanche Sur, y en 1896 la de la Arrabassada. En 1917 llegó el ferrocarril.
La primera parada con firma es la Casa Armet, proyectada por Ferran Romeu i Ribot en 1898 para el veraneante barcelonés Manuel Armet, declarada Bien Cultural de Interés Local en 2008. Conserva su jardín, donde en 1899 se levantaron un molino de viento y un depósito de agua sobre ladrillo visto. Después llega la Casa Mònaco, una torre modernista de veraneo en la Avinguda Gràcia, 50, en la que trabajó Eduard Maria Balcells. Y El Generalife, construido en 1914 por ese mismo Balcells, discípulo de Gaudí, con influencia arabizante, cúpula de quebradizo, ventanas geminadas y magnolias monumentales; hoy se transforma en el espacio GeneraLife para eventos exclusivos.
El recorrido sigue con la Bodega Modernista, el Celler Cooperatiu que firmó César Martinell por encargo del Sindicato Agrícola y la Caja Rural de San Medí, y con las Casas Enric Pi, dos viviendas gemelas, estrechas y alargadas, de planta baja y piso, levantadas en 1907 en la calle San Medir. Cierra la Alfarería Arpí, la Casa Museo Cal Gerrer, reformada en 1885 por Pere Arpí Massana. Entre medias aparecen paradas que no son modernistas pero completan el barrio: Cal Quiteria, una de las pocas casas de campo dentro del núcleo urbano, en la calle Vinyoles 6; la Casa Jover, un palacete de veraneo neoclásico con mansardas; y la Casa Mòjica, un chalet novecentista de 1930 firmado por Santiago de la Calzada. Es una ruta para hacer con calma, en familia o en pareja, y que se puede combinar con una escapada cercana, ya que Terrassa queda a veinte minutos.
Fecha de publicación
20 de agosto de 2026
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