En pleno centro de Sant Cugat del Vallès, en la plaza de Octavià, se conserva un conjunto monástico que reúne restos romanos, arquitectura románica, ampliaciones góticas y huellas de su larga etapa benedictina. El monasterio se levantó sobre el antiguo Castrum Octavianum, una fortaleza romana vinculada a la tradición del martirio de San Cucufate en el año 304. La fundación benedictina se sitúa en el siglo VIII, con una primera comunidad organizada en torno al abad Deodato, aunque las primeras noticias documentales conservadas son de 877 y 878.
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Su historia no fue tranquila. En 985, el ataque de Almanzor destruyó buena parte del monasterio y causó la muerte de varios monjes. La reconstrucción comenzó con el abad Odón y continuó durante las décadas siguientes, cuando el cenobio recuperó patrimonio y peso dentro del territorio. En el siglo XII se inició el conjunto que conocemos hoy: la iglesia se fue construyendo entre los siglos XII y XIV, empezando en románico y terminando en gótico. El resultado se aprecia especialmente en el contraste entre la estructura medieval de la basílica, sus tres naves y la cabecera, y elementos posteriores como las bóvedas de crucería, el cimborrio y la fachada gótica.
La visita suele concentrarse en el claustro románico, situado al norte de la iglesia. Fue realizado entre finales del siglo XII y comienzos del XIII y se atribuye al escultor Arnau Cadell, uno de los primeros artistas catalanes conocidos por su nombre. En una de las galerías aparece su autorretrato, representado mientras trabaja en un capitel, acompañado por un monje. También dejó una inscripción que identifica su autoría. Las cuatro galerías, de unos treinta metros por lado, reúnen columnas pareadas y capiteles con escenas bíblicas, motivos vegetales, animales fantásticos, sirenas y momentos de la vida cotidiana. No hay que recorrerlo deprisa: la variedad de detalles hace que cada tramo tenga algo distinto que mirar. El claustro superior, añadido en el siglo XVI, introduce una imagen más cercana al Renacimiento.
La iglesia conserva varios elementos de interés, entre ellos el gran rosetón gótico de la fachada, de 8,2 metros de diámetro, y el campanario de tradición lombarda, levantado hacia 1063. En el interior se encuentran el retablo de Todos los Santos, atribuido a Pere Serra, la imagen románica de la Mare de Déu del Bosc y retablos de distintas épocas dedicados a san Benito, santa Escolástica, san Miguel, la Virgen del Rosario y la Piedad. El conjunto se completa con el palacio abacial, originalmente del siglo XIV y rehabilitado en el XVIII, además de los restos de las murallas defensivas construidas y ampliadas durante la Baja Edad Media.
El monasterio también guarda episodios más oscuros, como el asesinato del abad Arnau Ramon de Biure durante la misa de gallo de 1350, en el contexto de una disputa por una herencia. La capa y el alba relacionadas con el suceso se conservan en fragmentos repartidos por distintos museos, mientras que en Sant Cugat permanecen sepulcros, retablos y otras piezas vinculadas a la historia de la abadía. Tras la salida de los monjes en 1835, el edificio pasó por años de abandono y distintas campañas de restauración. Desde 1931 cuenta con protección patrimonial y forma parte del Museu de Sant Cugat.
Para organizar la visita, la Oficina de Turismo está en la plaza de Octavià, 10, y el monasterio en el número 1. La iglesia abre habitualmente de 8 a 13 h y de 17 a 21 h, aunque estos horarios pueden cambiar por las necesidades parroquiales. El horario del claustro conviene consultarlo antes de ir. Hay audioguías en catalán, castellano, inglés y francés, además de visitas concertadas y propuestas guiadas como la del monasterio benedictino de los sábados a las 10 h. Los primeros domingos de mes se ofrecen visitas gratuitas al museo a las 11 h en catalán, con reserva previa para otros idiomas y lengua de signos. Este domingo 30 de agosto de 2026 también se recomienda comprobar la programación y los horarios directamente antes de acercarse.
Fecha de publicación
30 de agosto de 2026
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