
A unos veinticinco kilómetros de Barcelona, detrás del Parque Natural de la Sierra de Collserola, hay un claustro que se puede ver sin salir apenas del área metropolitana y que está entre los conjuntos románicos más importantes de Europa. Es el del Monasterio de Sant Cugat del Vallès, una abadía benedictina levantada sobre los restos de un castrum romano y un cementerio paleocristiano donde se enterraron los restos de San Cugat, martirizado en Barcelona en el año 304. Los monjes abandonaron el lugar en 1835 tras la exclaustración de Mendizábal, y en 2003 se creó aquí el Museo de Sant Cugat.
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El claustro actual se empezó a construir hacia 1190, gracias a la donación testamentaria de Guillem de Claramunt, que quiso ser enterrado cerca de la tumba del mártir, y se terminó en 1220, con una reconstrucción que no se completó hasta mediados del siglo XIV. El maestro de obras fue Arnau Cadell, que dejó algo muy curioso para la época: se autorretrató en un capitel corintio con la inscripción «Esta es la figura del escultor Arnau Cadell, que tal claustro construyó en perpetuidad», el primer autorretrato registrado en la historia del arte catalán.
El patio ocupa unos 900 metros cuadrados y tiene 144 columnas y capiteles, un número que remite a la Jerusalén celestial del Apocalipsis. Las cuatro galerías se sostienen con piedra de Girona y los capiteles, esculpidos en piedra de Montjuïc, funcionan como un libro abierto: escenas bíblicas, vida monástica, animales y criaturas mitológicas. La galería norte es la más sencilla, con motivos vegetales y algunos animales; la este conserva la firma de Cadell y tres capiteles religiosos, como el Lavatorio de los pies; la oeste se centra en escenas de lucha y pasajes como el de Sansón desquijarando al león; y la sur, la más tardía, es la más rica en narración, con Daniel en el foso de leones, Adán y Eva, Noé y la vida pública de Cristo.
La visita no se queda solo en el claustro. La iglesia, de planta basilical con tres naves y tres ábsides, luce un gran rosetón gótico de ocho metros de diámetro inspirado en Notre-Dame de París, cuya fachada se terminó el 4 de septiembre de 1337, y un retablo de Tots els Sants del siglo XV. El conjunto se puede recorrer también siguiendo el acueducto de tres kilómetros que unía la mina con el monasterio, del que se conserva el puente de Can Vernet. Hoy, además, hay un proyecto en marcha para escanear los capiteles en 3D y crear el primer catálogo digital del tipo, que permitirá incluso reproducirlos mediante impresión 3D.
En lo práctico, el claustro abre todos los días del año, excepto los lunes, con horario de 10:30 a 13:30 y de 16:00 a 19:00, que en verano se amplía hasta las 20:00, y los domingos y festivos solo por la mañana, de 10:30 a 14:30. La entrada cuesta 6 euros e incluye audioguía, mientras que la iglesia se puede visitar gratis en horario de mañana y tarde. Está en la Plaza de Octavià, 1, en Sant Cugat del Vallès.
Fecha de publicación
10 de agosto de 2026