
Si estos días has mirado hacia la desembocadura del Guadalquivir y has visto un barco raro, sin mástil y con la cubierta llena de paneles, no eras el único. El Helios 11 fue avistado navegando frente a Sanlúcar el 26 de agosto, en aguas de Doñana, dentro de una travesía que ya supera los 6.000 kilómetros desde Finlandia. No es un yate cualquiera: se mueve exclusivamente con energía solar, sin gastar una gota de combustible.
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La historia detrás del barco tiene su punto. Lo diseñó y construyó a mano Lukas Sjöman, un inventor y navegante finlandés creador del proyecto True North Yachts, que lo montó él solo durante unos 200 días en un cobertizo improvisado en Finlandia, usando madera contrachapada marina de okoumé reforzada con fibra de vidrio. El coste estimado de la construcción ronda los 18.500 y 27.500 euros. Mide unos 11 metros de eslora y 2,4 de manga, pesa una tonelada y media y tiene un perfil bajo y rectangular, sin mástil, con casi toda la superficie cubierta de paneles fotovoltaicos.
El funcionamiento es sencillo en el papel: los paneles instalados en cubierta generan entre 3.300 vatios y 6 kilovatios, que se guardan en baterías de litio de 48 voltios con una capacidad de entre 24 y 30 kWh. De ahí sale la fuerza para un motor fuera de borda eléctrico de cerca de 6 kW, con una pequeña vela auxiliar para cuando la energía escasea o conviene conservar carga. En buenas condiciones puede alcanzar los 8,5 nudos —unos 16 kilómetros por hora— y recorrer hasta 270 kilómetros al día, aunque con mal tiempo esa autonomía cae a 70. La idea del proyecto es demostrar que se puede navegar sin combustibles fósiles.
El viaje empezó en Finlandia y siguió por ríos y canales de Suecia, Dinamarca, Alemania y Francia hasta llegar al Mediterráneo. Sjöman alcanzó Ibiza tras más de 5.700 kilómetros sin repostar, y en agosto ya pasaba la barrera de los 6.000. El camino no ha estado exento de sustos: en Francia, el barco quedó atrapado temporalmente en canales congelados por las bajas temperaturas, lo que obligó a convertir la travesía en un ensayo técnico. En La Rápita, en Tarragona, le robaron el bote auxiliar que usaba para bajar a tierra y tuvo que improvisarse uno nuevo con madera y espuma para poder seguir. Incluso recibió pedradas desde un puente que golpearon la instalación solar, aunque sin afectar al rendimiento.
En su paso por el litoral español ha ido dejando rastro: el 22 de agosto se le vio frente a Cádiz capital, en la Bahía; días después apareció en la Bahía de Algeciras; y el 26, en la desembocadura del Guadalquivir. En Almería, su perfil bajo, la falta de mástil y el poco ruido de su propulsión hicieron que lo confundieran con una narcolancha, y la Guardia Civil tuvo que inspeccionarlo. Sjöman documenta todo en su canal de YouTube y en Instagram, y ha colgado en su web, truenortharchive.net, los planos y manuales para que cualquiera pueda replicar el diseño. Y no piensa pararse aquí: su próximo reto es un catamarán eléctrico de 16 metros llamado Power Cat, con capacidad para travesías oceánicas.
Fecha de publicación
1 de septiembre de 2026