
Hoy, 21 de agosto, San Cristóbal de la Laguna se suma al Día Internacional del Patrimonio Cultural Subacuático, una jornada que la ciudad aprovecha para presentarse como un nodo atlántico desde el cual asomarse a los tesoros sumergidos del océano. La fecha no es un capricho local: está reconocida por la UNESCO y se enmarca en la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, la Convención de 2001, que es el único marco jurídico internacional dedicado específicamente a su protección.
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Para entender de qué hablamos exactamente, conviene mirar el criterio que maneja la UNESCO. Para que algo sea considerado patrimonio cultural subacuático bajo esta convención, los rastros de existencia humana deben haber estado bajo el agua, ya sea de forma parcial o total, durante al menos cien años. Es decir, no se trata de cualquier objeto caído al mar, sino de restos con una antigüedad mínima y un valor histórico reconocido. La propia Convención se aprobó en París entre el 15 de octubre y el 3 de noviembre de 2001, se adoptó el 2 de noviembre y entró en vigor el 2 de enero de 2009.
Este 2026 la Convención cumple su vigésimo quinto aniversario, y las cifras dan una idea del alcance del asunto: la han ratificado 81 Estados y se han llevado a cabo doce misiones de expertos de la STAB. La normativa regula la protección en aguas interiores, mar territorial, zona contigua, zona económica exclusiva y plataforma continental, y establece obligaciones claras de notificación, coordinación y protección frente a peligros como el saqueo. Entre sus normas, la conservación in situ es la opción prioritaria, la explotación comercial se considera incompatible y se fomenta el acceso del público y la cooperación internacional.
La UNESCO también reconoce lo que funciona en la práctica. Entre las Mejores Prácticas premiadas están el sistema de gestión del patrimonio arqueológico subacuático de Andalucía, que reúne información sobre 900 pecios históricos con visitas, cursos y seminarios; los pecios de Cap del Vol y Cala Cativa, hundidos transportando vino entre los siglos I a.C. y II d.C., con exposiciones en el Museo Arqueológico de Barcelona; el patrimonio del Nevado de Toluca, en México, un estratovolcán a 4.680 metros con dos lagos perennes y materiales arqueológicos bien conservados; la Carta Arqueológica Subacuática de las Azores, en Portugal, un archipiélago con más de un millar de pecios registrados en más de cinco siglos; y el fenómeno del río Ljubljanica, en Eslovenia, con objetos sumergidos en un tramo de 23 kilómetros y el proyecto del Sitio de Exposición y Descubrimiento de Liubliana.
Para que un caso pueda presentarse como Mejor Práctica, debe cumplir varios requisitos: ajustarse a la definición del Artículo 1, tener al menos cien años de antigüedad, estar clasificado en la legislación nacional, estar adecuadamente protegido y respetar un acceso responsable. La Laguna, con su historia ligada al Atlántico, aprovecha este marco para poner el foco en lo que queda oculto bajo el agua y reivindicar su papel como puerta para descubrirlo.
Fecha de publicación
21 de agosto de 2026