
Hay noticias que parecen pequeñas pero que en el día a día de un barrio pesan bastante. El Ayuntamiento de La Laguna anunció el martes 1 de septiembre que está acondicionando las cafeterías de los parques de La Vega y de La Constitución para reabrirlas, dos espacios que llevan cerrados desde principios de 2016. Para quien haya vivido aquí esa década, el dato se entiende: son más de diez años con las persianas bajadas, después de actos vandálicos y un deterioro que fue calando.
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El camino hasta aquí no ha sido precisamente limpio. Hubo tres intentos fallidos de licitación, uno de ellos en el verano de 2024, y el Ayuntamiento ha cambiado varias veces el enfoque. En marzo de 2025, la coalición Unidas se Puede planteó reabrirlas a través de la empresa pública Muvisa, vinculándolas con proyectos de inserción laboral, algo parecido a cómo se gestionan los aparcamientos. Poco después, en abril, el área de Servicios Municipales y la Sociedad Insular para la Promoción de las Personas con Discapacidad (Sinpromi) empezaron a trabajar juntos para ver si era viable que las cafeterías las gestionaran centros especiales de empleo. Esa es la idea que se mantiene: que la explotación recaiga en una entidad especializada en generar oportunidades laborales para personas con discapacidad.
De las dos, la de La Vega es la que más recuerdos arrastra. Está en el Parque de La Vega, uno de los más frecuentados del municipio, y era el punto de encuentro habitual de familias, mayores y jóvenes. Sus churros con chocolate, hechos al estilo tradicional, sin aceite y con aire por dentro, son lo que más se recuerda, junto a la tortilla española, los bocadillos, las tapas y el chocolate caliente. El encargado, Toño, es otra figura recurrente en las reseñas. La cafetería acumula una valoración de 4,2 sobre 5 en Google, con 389 opiniones que dan una idea del cariño que había por el sitio.
El otro parque, el de La Constitución, es más pequeño y está encajado entre la avenida de la Universidad y la avenida de la República Argentina. Se construyó en 1978 y forma parte del casco declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en 1999. Tiene estanque con patos, columpios, sendas aptas para carritos de bebé y sillas de ruedas, y una flora donde mandan las palmeras canarias. Allí también hay monumentos al poeta cubano José Martí y al libertador venezolano Simón Bolívar, y la senda más transitada es el Camino Largo. Su quiosco era el sitio para tomarse algo al atardecer.
El plan municipal se enmarca dentro de una estrategia cultural y gastronómica para redescubrir el casco histórico, y el objetivo declarado es devolver estos espacios a los vecinos. De momento, lo que hay es el anuncio del acondicionamiento en marcha; las dos cafeterías, que llevan una década apagadas, vuelven a estar en el mapa del barrio. Para quien echara en falta un sitio donde sentarse en los parques, es una noticia que se nota en lo cotidiano.