
Si tienes niños y quieres salir del área metropolitana sin complicarte la vida, Cataluña tiene pueblos que funcionan casi solos para una escapada familiar. Aquí cuatro opciones bien distintas, con lo que realmente importa saber antes de arrancar el coche.
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Rupit i Pruit es el pueblo de piedra por excelencia, en el Collsacabra y a una hora y media de Barcelona. No se puede entrar en coche: se aparca fuera y se recorre a pie, lo que lo hace cómodo con niños. El puente colgante sobre el río Brugent, las ruinas del castillo del siglo X y el Salto de Sallent —el salto de agua más alto de Cataluña, con más de 90 metros de caída— son las paradas obvias. Para los más pequeños hay una visita autoguiada gratuita para menores de diez años, y rutas sencillas como la del Salto del Sallent, de tres kilómetros. Se come comida casera, embutidos y cocas en los restaurantes del pueblo, y hay varias casas rurales y un hostal dentro.
Cardona, en el Bages, se conoce como la villa de la sal y tiene dos visitas que encadenan bien. El Castillo de Cardona, una fortaleza medieval con más de un milenio de historia, deja gratis los espacios abiertos como murallas, miradores y claustro; las zonas cerradas requieren visita guiada, con precios reducidos para niños y jubilados. La Montaña de Sal es una antigua mina potásica cerrada en 1990 que se visita hasta los 86 metros de profundidad, con casco obligatorio y bajada en minibús; no se admiten cochecitos ni perros. Hay descuentos para unidad familiar y visitas teatralizadas que suelen tirar más a los niños.
Besalú, en la Garrotxa, es uno de los pueblos medievales mejor conservados del país y, a diferencia de otros, es accesible para carritos y movilidad reducida. El Pont Vell, el puente románico de 105 metros, es la imagen del pueblo, y dentro quedan la judería con su miqvé —el único hallado en España— y el monasterio de Sant Pere. Se puede hacer un free tour por el casco antiguo y hay rutas que enlazan con la zona volcánica de la Garrotxa, así que combina bien con una jornada de naturaleza. No tiene estación de tren, se llega en coche desde Olot.
Tossa de Mar es la única villa medieval fortificada de la costa catalana, con un recinto amurallado del siglo XIII y el castillo del siglo XII. Para las familias lo más cómodo es el trenecito turístico, que sube hasta el castillo y el faro en unos cuarenta minutos, y el barco con fondo de cristal que sale desde la Platja Gran hacia Cala Giverola. La Platja de la Mar Menuda es la más apta para ir con niños, y la Platja d'es Codolar funciona bien para hacer esnórquel. Se llega en coche o en autobús desde Blanes, con el aeropuerto de Girona a media hora.
Si buscas algo más tranquilo, Banyoles gira en torno a su lago natural, el más grande de Cataluña, donde se puede bañarse en verano y alquilar barcas de remos o kayak. Hay un tren turístico por carretera y un catamarán eléctrico, con precios reducidos para niños, y cerca queda el Parque Neolítico de la Draga. Y si prefieres montaña pura, Queralbs es un pueblo milenario del Pirineo con rutas hacia el Vall de Núria, accesible en el famoso tren cremallera.
Fecha de publicación
6 de agosto de 2026
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