
Exposición de las cascas del piñeiro da Caeira en el Museo de Pontevedra, frente al cuadro de Castelao, en memoria de Alexandre Boveda.
El Museo de Pontevedra acoge hasta el 27 de septiembre una pieza que, aunque pequeña, carga con una historia pesadísima: unas cascas de piñeiro, los fragmentos de la corteza de un pino que fueron recogidos y guardados durante décadas por Amalia Álvarez, viuda de Alexandre Bóveda. Fue su hija, Amalia Bóveda, quien finalmente las depositó en el museo el pasado 17 de agosto.
Para entender por qué unos trozos de corteza tienen tanto peso, hay que situarse en el piñeiro da Caeira, en Poio. Fue allí donde el ejército de Franco fusiló a Bóveda el 17 de agosto de 1936, apenas unas semanas después del golpe militar contra la República. Bóveda era un intelectual galleguista y uno de los firmantes del anteproyecto del Estatuto, y con su ejecución se convirtió en uno de los grandes símbolos de la represión que sufrió el galeguismo. Aquel mismo pino no fue el único testigo: al año siguiente, en el mismo sitio, fueron ejecutadas otras diez personas condenadas por su apoyo a la causa republicana.
En el museo, las cascas no están sueltas por ahí, sino que se exhiben frente al cuadro de Castelao, «A derradeira leición do mestre». Es una obra que pintó en 1945 para el Centro Orensano de Buenos Aires, a partir de una estampa de 1937, y que hoy funciona como uno de los grandes símbolos de la memoria democrática gallega. Ver los restos del árbol junto a esa imagen le da al conjunto un sentido muy concreto.
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Como dato para situar el calendario, la Irmandade Galega de Buenos Aires, que en aquel entonces dirigía el propio Castelao, instauró en 1942 el 17 de agosto como Día da Galiza Mártir, la misma fecha en la que Bóveda perdió la vida. Las cascas permanecen en el museo hasta el cierre de la exposición, el 27 de septiembre, así que todavía hay margen para acercarse y verlas con calma.