
La llegada de febrero a Marín no solo trae consigo el final del invierno, sino también el inicio de una de las tradiciones más auténticas de las Rías Baixas: la temporada de furanchos. Si eres de los que busca la Galicia más genuina, esa que se esconde en el rural y se saborea con vino de cosecha propia, esta guía te interesa. Hoy, 9 de febrero de 2026, la ruta ya está en marcha, y es el momento perfecto para planificar esas tardes de tapeo.
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Para quien no esté familiarizado, un furancho, o loureiro, no es un bar ni un restaurante. Es un espacio temporal, a menudo el bajo de una casa o un garaje, que los cosecheros habilitan para vender el excedente de su vino casero. La clave de Marín es que el Concello se ha esforzado por mantener la esencia original de estos locales, asegurando que realmente sirvan el excedente de la cosecha y no se conviertan en restaurantes encubiertos. Esto significa que la experiencia es de kilómetro cero, rústica y muy social. La temporada, regulada por una ordenanza local, se extiende desde el 1 de febrero hasta el 30 de junio, aunque cada local solo puede estar abierto un máximo de tres meses. Si el vino se acaba antes, el furancho cierra hasta el año siguiente.
El encanto de la ruta reside en su sencillez y en la calidad de lo que se sirve. La bebida principal es, por supuesto, el vino de la casa, que se sirve en las tradicionales cuncas (tazas de loza). En Marín, la oferta de caldos es muy específica, destacando el Blanco país, el Albariño, el Tinto país y el Tinto femia, este último muy característico de la comarca de O Morrazo. Además del vino y el agua, no esperes encontrar otras bebidas.
La comida también está estrictamente regulada para preservar la tradición. Cada furancho solo puede ofrecer un máximo de cinco tapas, elegidas de una lista cerrada de platos caseros. En Marín, la ordenanza municipal define estas cinco tapas esenciales, que son la base de cualquier buena furancheada: oreja y chorizo, la clásica tortilla de patatas, zorza y raxo (picadillo y lomo de cerdo), empanada y, a elegir, callos o costilla. Es una carta corta, pero contundente y pensada para maridar perfectamente con el vino joven.
La ruta se concentra principalmente en el rural marinense, lo que te permite descubrir rincones del municipio a los que quizás no irías de otra forma. Aunque la lista completa de participantes se actualiza en la web del Concello, algunos nombres son ya habituales y suelen ser los primeros en abrir. Por ejemplo, el Furancho Chámpalle Unha Gaseosa (Cernello, 13) es uno de los que suele inaugurar la temporada. Otros que mantienen viva la tradición son Víctor (Castro, 41), Pouca Cousa (Bouzón, 41B) y el Furancho do Maño (Brea, 4), este último conocido por su atención al detalle, sirviendo un pincho diferente con cada copa de vino. Si buscas un lugar con buenas vistas, el Furancho Palmera (Miñán, 8) es conocido por su terraza, ideal para ver atardecer mientras disfrutas de una ración de empanada de berberechos.
La apertura de estos locales es un evento social que fomenta el turismo en las aldeas. El Concello de Marín, a través de la Concejalía de Medio Rural, trabaja activamente en la conservación de esta cultura, consciente de que es un atractivo único. Si te animas a hacer la ruta, recuerda que la clave es la paciencia, el buen humor y la disposición a compartir mesa. Es una experiencia de slow food rústica, donde el ambiente familiar y la conversación son tan importantes como el vino y las tapas. Es la oportunidad perfecta para desconectar del ritmo urbano y sumergirse en la hospitalidad gallega más auténtica antes de que, a finales de junio, los loureiros cuelguen el cartel de cerrado hasta la próxima cosecha.
Fecha de publicación
9 de febrero de 2026
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