
Caldas de Reis siempre ha tenido esa fama de lugar donde el tiempo se detiene, y no es para menos. A un paso de Pontevedra, esta villa bañada por el río Umia es el punto donde muchos peregrinos del Camino Portugués deciden hacer una parada técnica, pero también es el refugio ideal si lo que buscas es simplemente bajar revoluciones. Lo que hace especial a este sitio es su relación con el agua; no es solo paisaje, es salud que brota de la tierra. Sus manantiales de aguas sulfuradas y cloruro-sódicas llevan siendo declarados de utilidad pública desde principios del siglo XIX, y esa tradición termal se respira en cada esquina, desde las fuentes públicas hasta los balnearios que marcan el ritmo del pueblo.
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Este año 2026, Caldas está viviendo un momento bastante particular. Se cumplen 900 años de la coronación de Alfonso VII como rey de León, un personaje histórico que nació precisamente aquí, en lo que entonces se llamaba Caldas de Rex, allá por 1105. Por este motivo, la Asociación Cultural Terra Calda ha organizado varias actividades durante estos meses, como ciclos de conferencias y actos musicales. Incluso se está moviendo una suscripción popular para ponerle una estatua en una de las plazas céntricas de la villa. Es curioso pensar que mientras caminas hacia alguno de los balnearios, estás pisando la misma tierra que vio nacer a un emperador, rodeada de vestigios que vienen incluso de la Edad del Bronce, como el famoso Tesoro de Caldas.
Si hablamos de ir a lo que vamos, que es el relax, las opciones se centran en sus dos grandes referentes: el Balneario Acuña y el Balneario Dávila. El agua aquí sale caliente de verdad, entre los 42 y los 48 grados, dependiendo de dónde brote. Son aguas ricas en sales, silicio y bicarbonatos que ayudan con temas de estrés, problemas de piel o simplemente para recuperar las articulaciones después de una semana intensa. El Balneario Acuña, por ejemplo, está justo en la calle Herrería, pegado al río, lo que le da un ambiente muy tranquilo. No hace falta tener una dolencia específica para disfrutarlo; el simple hecho de sumergirse en agua a esa temperatura en un entorno con tanta historia ya te cambia el cuerpo.
Lo mejor de Caldas es que, aunque es una villa con mucha vida y movimiento por ser cabecera de comarca, mantiene ese aire de pueblo acogedor. Está estratégicamente situada: si te apetece cambiar de aires, tienes las Termas de Cuntis muy cerca, o puedes acercarte a las Rías Baixas en un salto. Pero quedarte en Caldas, pasear por la orilla del Umia y dejar que el vapor de las fuentes termales te envuelva es un plan que se basta por sí solo. Es ese tipo de escapada que no requiere mucha logística pero que te deja como nueva, aprovechando uno de los recursos más antiguos y naturales que tenemos en la provincia de Pontevedra.
Fecha de publicación
23 de marzo de 2026
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