Con la llegada de los días más largos y el sol de marzo, las Ruinas de Santo Domingo en Pontevedra vuelven a formar parte de los paseos habituales por el centro. Este espacio, que es la construcción más antigua de las siete que integran el Museo de Pontevedra, reabre sus puertas tras el habitual parón de los meses de invierno. Es un rincón que solemos ver de pasada al cruzar la Plaza de España, pero entrar permite apreciar de cerca lo que queda de este convento dominico fundado originalmente alrededor del año 1282. Aunque hoy lunes el recinto permanece cerrado, a partir de mañana martes recupera su actividad para quienes quieran acercarse a ver sus cinco ábsides góticos, una estructura que se mantiene de forma excepcional en Galicia y que le valió la declaración de Monumento Nacional ya en agosto de 1895.
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Caminar entre sus muros es hacer un repaso por la resistencia del patrimonio local. El edificio original comenzó a levantarse en su ubicación actual hacia 1285, con la construcción de la cabecera en 1295. Sin embargo, su historia está llena de sobresaltos: sufrió un incendio importante en 1719 durante un ataque inglés y, aunque se proyectó una reconstrucción neoclásica en 1804, la desamortización de Mendizábal en 1835 detuvo todo. El convento cerró definitivamente en diciembre de 1836 y pasó por manos del Ayuntamiento en 1840. Antes de ser el espacio cultural que conocemos, tuvo usos muy distintos, funcionando como cárcel de mujeres, hospicio e incluso escuela. Estuvo a punto de ser demolido en varias ocasiones, pero la intervención de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, fundada por Casto Sampedro Folgar en 1894, logró salvar lo que hoy visitamos.
Lo que se conserva actualmente es la cabecera porticada con sus cinco ábsides. El central, que es el más grande, se terminó hacia 1331, mientras que los laterales se fueron añadiendo durante los siglos XV y XVI. Dentro se encuentran sepulcros de personajes que marcaron la historia de la zona, como el de Tristán de Montenegro, situado en la capilla de Santo Domingo de Suriano, o el de Payo Gómez de Sotomayor. También llama la atención la colección heráldica; tras la remodelación realizada en 2016, se pueden ver diecinueve escudos originales de una colección que supera las sesenta piezas. Otro detalle curioso es el acceso a la sala capitular, que cuenta con una arquería del siglo XV y una entrada formada por dovelas que pertenecieron a la iglesia de San Bartolomé el Viejo, derribada en 1842.
Para quienes prefieran una explicación más detallada, el equipo de Educación del Museo organiza visitas guiadas gratuitas de martes a viernes a las 12:00 horas. Estas sesiones duran unos 30 minutos y no requieren inscripción previa, basta con presentarse en la entrada de las ruinas. El horario general para ir por libre es de martes a sábado, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:30, y los domingos y festivos de 11:00 a 14:00. Al estar situadas en la Plaza de España, justo en el ángulo entre la Gran Vía de Montero Ríos y la calle Marqués de Riestra, las ruinas son el punto de partida ideal para recorrer el casco histórico.
Desde allí se puede caminar hacia la Basílica de Santa María A Maior, un edificio de 1500 que es otra de las referencias del gótico en la ciudad. El paseo puede continuar por la Praza do Teucro, rodeada de pazos barrocos, o la Praza da Verdura, donde se encuentra la Casa de la Luz y el Mercado de Abastos, que fue restaurado por César Portela en 1973. También queda cerca la Praza das Cinco Rúas, completando un itinerario que permite ver cómo ha evolucionado la arquitectura de Pontevedra desde la Edad Media hasta hoy. Es un plan tranquilo para una tarde de primavera, aprovechando que el recinto vuelve a estar accesible después de los meses de frío.
Fecha de publicación
16 de marzo de 2026
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