
Ahora que estamos a finales de marzo y el tiempo empieza a acompañar, la Isla de Tambo vuelve a ser uno de esos planes que siempre surgen en las conversaciones por Pontevedra. Esta pequeña joya de 28 hectáreas, que durante décadas estuvo bajo control militar, arranca su temporada de visitas este 2026 coincidiendo con la Semana Santa. Concretamente, desde el jueves 2 hasta el domingo 5 de abril habrá salidas diarias, y a partir de ahí se mantendrán los fines de semana hasta bien entrado octubre. Es un lugar curioso porque, aunque la vemos todos los días desde la costa de Combarro o Marín, mantiene ese aire de misterio por haber estado cerrada tanto tiempo. Desde que el Ministerio de Defensa cedió el uso al Concello de Poio en 2022, el interés por recorrer sus senderos y subir hasta los 80 metros del Monte San Fagundo no ha dejado de crecer, especialmente por la combinación de restos arqueológicos y construcciones militares que conviven en plena naturaleza.
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Para ir no basta con presentarse en el muelle; hay que seguir un proceso de dos pasos que es bastante sencillo pero obligatorio. Primero, necesitas una autorización de acceso que emite el Concello de Poio de forma gratuita a través de su web de turismo. Es un permiso personal, así que cada uno debe llevar el suyo. Una vez tengas ese código, el siguiente paso es comprar el billete de barco. Las navieras autorizadas, como Mar de Ons o Cruceros Pelegrín, suelen pedir que retires los tickets físicos en las taquillas del puerto deportivo de Combarro unos quince minutos antes de salir. No es una visita libre en la que puedas andar a tu aire por cualquier lado, ya que los grupos son de máximo 50 personas y siempre vas con guías que te explican el contexto de lo que estás viendo, lo cual ayuda bastante a entender por qué hay un polvorín militar al lado de ruinas medievales.
La logística del viaje es cómoda porque la travesía desde Combarro dura apenas quince minutos. En cuanto a los precios para esta temporada, los adultos suelen pagar entre 12,50 y 15,50 euros dependiendo de la tarifa o la naviera que elijas. Para los niños de 6 a 12 años el precio ronda los 10 euros, y los más pequeños, de 5 años hacia abajo, suelen viajar gratis. Los turnos de salida están organizados para aprovechar la mañana, empezando sobre las 9:40 o las 10:00, y regresando a tierra firme para la hora de comer, sobre las 13:30 o 14:00. Es un tiempo suficiente para recorrer los puntos clave sin prisas, viendo desde los antiguos barracones de la Escuela Naval hasta la zona donde se encontraba el lazareto del siglo XIX, donde antiguamente se guardaban las cuarentenas de los barcos que llegaban a la ría.
Lo que hace que Tambo sea diferente a otras islas de la zona es su carga histórica acumulada. Puedes encontrar desde restos de un castro de la Edad del Hierro hasta la huella del antiguo monasterio benedictino de Santa María de Gracia, que fue fundado originalmente en el siglo VI. Hay historias locales que cuentan que el corsario Francis Drake pasó por aquí en 1589 y destruyó el monasterio, obligando a los marineros de Combarro a rescatar la imagen de la virgen del mar, aunque hoy en día los historiadores matizan un poco estos relatos. Más allá de las leyendas, caminar por la isla permite ver cómo la vegetación ha ido recuperando espacio entre las estructuras militares y los antiguos muros de piedra. Es un paseo tranquilo que mezcla ese pasado de isla restringida con la realidad actual de un espacio natural protegido que busca conservarse sin las aglomeraciones de otros destinos más masificados.
Fecha de publicación
25 de marzo de 2026
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