
La noche del 12 al 13 de agosto fue el gran momento de las Perseidas, y aunque el pico ya ha pasado, la lluvia sigue activa. Estas estrellas fugaces, también conocidas como las Lágrimas de San Lorenzo, son en realidad restos del cometa 109P/Swift-Tuttle, un cuerpo de unos 26 kilómetros de diámetro que pasa cerca del Sol cada 133 años aproximadamente y que dejó su rastro más reciente en 1992. Las partículas entran en nuestra atmósfera a casi 60 kilómetros por segundo —algunas fuentes hablan de más de 210.000 kilómetros por hora— y se desintegran por fricción a altitudes superiores a los 80 kilómetros, generalmente en torno a los 100. En condiciones ideales se esperan entre 60 y 100 meteoros por hora, con posibilidad de ver fireballs, esos meteoros especialmente brillantes, y en años buenos la tasa puede llegar a los 200.
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Lo mejor es que para verlas no hace falta ningún equipo: ni telescopios ni prismáticos, porque en realidad reducen el campo de visión. Lo ideal es observar a simple vista, dejar que la vista se acostumbre a la penumbra durante unos 20 o 30 minutos, tumbarse en el suelo y abrigarse. La franja más propicia va de las 2:00 a las 5:00 de la madrugada, o más concretamente entre las 4:00 y las 6:00 horas de tiempo oficial peninsular, mirando en dirección opuesta a la Luna. Conviene llevar una tumbona reclinable, manta o esterilla, ropa de abrigo ligera, agua y algo de comer, y evitar mirar pantallas o luces brillantes que arruinen la adaptación del ojo a la oscuridad.
El nombre viene del griego Perseídai, que significa hijos de Perseo, porque las estrellas parecen nacer de esa constelación, aunque su radiante está en realidad en una zona limítrofe entre Casiopea y Camelopardalis. El apodo de Lágrimas de San Lorenzo se debe a que el máximo se acerca al 10 de agosto, día de la festividad del mártir español. El registro más antiguo de esta actividad es del año 36 d. C., procedente de los anales históricos chinos, y no fue hasta 1835 cuando el astrónomo belga Adolphe Quetelet describió que se trataba de una lluvia cíclica de agosto.
Para quien busque cielos despejados y lejos de la contaminación lumínica, la Comunidad de Madrid ha habilitado más de 50 puntos de observación gratuitos repartidos por la región, con el Festival del Eclipse en Buitrago del Lozoya, en el área recreativa de Riosequillo, que suma talleres, juegos infantiles y actividades divulgativas. Otros municipios con puntos específicos son Ambite, Becerril de la Sierra, Berzosa del Lozoya, Braojos, Brunete, Cabanillas de la Sierra, Canencia, Chapinería, Chinchón, Collado Mediano, Colmenar Viejo, Daganzo de Arriba, El Molar, Fresno de Torote, Garganta de los Montes, Gascones, Hoyo de Manzanares, La Cabrera, La Serna del Monte, Los Molinos, Los Santos de la Humosa, Lozoya, Meco, Moralzarzal, Navacerrada, Navalafuente, Navas del Rey, Nuevo Baztán, Olmeda de las Fuentes, Pezuela de las Torres, Piñuécar-Gandullas, Prádena del Rincón, Puentes Viejas, Rascafría, Robledo de Chavela, San Agustín de Guadalix, San Lorenzo de El Escorial, San Martín de Valdeiglesias, San Sebastián de los Reyes, Santa María de la Alameda, Somosierra, Soto del Real, Talamanca de Jarama, Torrejón de la Calzada, Valdeolmos-Alalpardo, Valdepiélagos, Villamantilla, Villarejo de Salvanés y Villavieja del Lozoya. Fuera de Madrid, los puntos de referencia son la isla de La Palma con el Observatorio del Roque de los Muchachos, la Sierra de Gredos, la Serranía de Cuenca, el Maestrazgo turolense, la Sierra Morena y la provincia de Soria.
Fecha de publicación
13 de agosto de 2026
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