
Hay veranos que se miden en ediciones y otros que se miden en décadas. Navalagamella, en el área metropolitana de Madrid, acaba de cerrar una temporada estival con una cita que ya es parte de su identidad: una década entera dedicada a la música y a la tradición, en pleno entorno natural. El formato, pensado para disfrutar en familia, se ha convertido en una de las citas más representativas del municipio, y este año el Ayuntamiento puso el foco en la música antigua con dos conciertos gratuitos en un marco que no es menor.
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El escenario fue la Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, en la Plaza de España, un espacio que este verano acogió dos recitales dentro de la programación de Clásicos en Verano. El primero, el sábado 4 de julio a las 21:30, estuvo a cargo del clavecinista Diego Ares, uno de los intérpretes más influyentes de su generación, que dedicó la velada a una de las cumbres de la música universal: las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach. Ares, cuya trayectoria internacional está avalada por múltiples premios Diapason d'or, abrió con el Adagio en Sol Mayor BWV 968 y siguió con la Aria con sus treinta variaciones BWV 998. Sobre la obra, el propio artista describió el gesto de empezar el día tocándola como una mezcla de oración, meditación y gimnasia que desde hace años le ofrece su elixir de felicidad.
El segundo concierto llegó el sábado 18 de julio, también a las 21:30, con el ensamble Texedores y su programa De vos y de mi quexoso. La propuesta tenía un trasfondo histórico: conmemorar el quinto centenario del matrimonio entre Carlos V e Isabel de Portugal, celebrado en 1526. A través de piezas vocales e instrumentales, el grupo exploró la porosidad cultural y musical de la Península Ibérica durante el siglo XVI, con un repertorio centrado en los siglos XVI y XVII y un énfasis especial en el repertorio ibérico. Por el programa pasaron autores del Renacimiento como Antonio de Cabezón, Cristóbal de Morales, Pedro Guerrero y Juan de Urrede, con una lectura instrumental rica en colores y texturas que rescataba la expresividad afectiva de aquella época.
Lo que hace especial a este ciclo es precisamente ese cruce: música antigua en una iglesia del municipio, con acceso libre y gratuito hasta completar aforo, y un público que mezcla a vecinos con visitantes atraídos por el marco. Para un pueblo del área metropolitana, mantener una cita cultural así durante diez años, y cerrarla en pleno entorno natural, no es un detalle menor. La combinación de música clásica, un edificio con historia y la gratuidad ha sido la fórmula para que estos conciertos se ganaran un hueco fijo en el calendario estival.
Con estos dos recitales, Navalagamella volvió a demostrar que el verano en la naturaleza también puede ser sinónimo de cultura. La cita, que ya cumple una década, se ha consolidado como un plan familiar y tranquilo para cerrar la temporada estival, y deja el listón puesto para lo que venga el próximo año. Si te lo perdiste, el Ayuntamiento suele publicar los detalles y las grabaciones en sus redes sociales, así que no está de más seguirles la pista para no dejar pasar la próxima edición.
Fecha de publicación
31 de agosto de 2026
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