
El Casco Viejo de Pamplona es ese lugar donde las piedras de las calles parecen tener memoria propia. Recorrerlo es siempre un plan seguro, pero hacerlo con el foco puesto en los locales que han visto pasar décadas de historia le da un matiz diferente. La Hostería del Temple, en la calle Curia 3, es el ejemplo perfecto de esta resistencia al tiempo. Fundada en 1965 por Luis Fernández y Mercedes Santa Cruz, este mesón de estética medieval acaba de cumplir 60 años. Es el sitio donde el 'Moscovita' —ese frito de huevo duro, jamón y queso con un rebozado crujiente— se ha convertido en un emblema local. Tras la jubilación de Maite Fernández el pasado enero de 2026, el local busca ahora un relevo que mantenga su esencia de cocina casera, ya que el negocio se encuentra en proceso de traspaso para asegurar que sus once trabajadores y su legado gastronómico continúen en esta vía que antaño fue el Decumanus Maximo de la ciudad romana.
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Bajando hacia la Cuesta de Santo Domingo, el Asador Zaldiko se mantiene como el referente más antiguo de su estilo en el barrio. Desde que Ángel Molina y Teyi Fuentes abrieron sus puertas en junio de 1988, se han especializado en carnes a la brasa, con el chuletón de vacuno como protagonista absoluto. La clave aquí ha sido la selección personal de las piezas y maduraciones que oscilan entre los 30 y 45 días. Al igual que ocurre con El Temple, sus dueños están en fase de búsqueda de un relevo de confianza ante su próxima jubilación, un fenómeno de relevo generacional que marca la actualidad de la hostelería histórica en la zona. Cerca de allí, en la calle San Nicolás, el bar El Marrano también atraviesa una etapa de cambio. Jesús Azparren, al frente desde el año 2000, busca un nuevo emprendedor para reactivar este espacio de 210 metros cuadrados conocido por sus pinchos y menús del día.
Esta ruta por la solera de Pamplona no estaría completa sin mencionar otros puntos que, aunque con trayectorias distintas, definen el estándar de calidad del Casco Antiguo. Es el caso del Bar Gaucho y el Bar Guria, ambos en la calle Espoz y Mina, que siguen siendo paradas frecuentes para quienes buscan pinchos elaborados. El entorno está cambiando, con un estudio reciente que indica que un 17% de los negocios del barrio son ahora regentados por extranjeros, pero la identidad de estos locales longevos sigue siendo el ancla que conecta la Pamplona de hoy con la de hace medio siglo. Pasear por la calle Curia, bajo la sombra de la antigua Torre del Obispo, y entrar en estos establecimientos permite entender mejor la evolución de una ciudad que cuida sus tradiciones mientras se adapta a los nuevos tiempos.
Fecha de publicación
27 de abril de 2026
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