
Con la llegada de mayo y el buen tiempo, Pamplona empieza a transformarse. Se nota en el ambiente que la ciudad ya tiene la vista puesta en julio, y la hostelería ha comenzado a desplegar sus espacios al aire libre para lo que conocemos como el tardeo. Esta costumbre de alargar las cañas o el vermú antes de que caiga el sol se ha asentado con fuerza, aprovechando que las temperaturas ahora permiten disfrutar de las terrazas sin el agobio de las multitudes que vendrán después. Es el momento de redescubrir rincones como la Terraza Barceló en el Hotel Tres Reyes, un espacio chill out junto a la piscina que abre de miércoles a viernes a partir de las 20:00, o de pasarse por el Experimental Bar los viernes desde las 19:00 para sus sesiones de coctelería. Si buscas algo más tranquilo y con un aire diferente, la terraza del Hotel Pamplona El Toro ofrece ese ambiente rural perfecto para un vermú pausado, mientras que la del Museo Universidad de Navarra (MUN) combina el entorno cultural con una carpa preparada para cualquier imprevisto meteorológico, ideal para tomar un mojito entre amigos.
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Para quienes prefieren quedarse por el centro, la Plaza de los Burgos cuenta con la terraza del Zentral Kafe Teatro, un punto de encuentro habitual para escuchar música en directo con un gin-tonic en la mano. Muy cerca, en la zona de Juan de Labrit, se encuentra Arostegui, un lugar que destaca por su cocina tradicional navarra y su manejo de la brasa, siendo considerada por muchos como una de las mejores opciones exteriores de la ciudad. Si lo que te apetece es ver Pamplona desde otra perspectiva, el restaurante El Búho en la calle Descalzos ofrece una azotea con vistas directas a los corralillos de los toros y la campiña, un sitio que gana puntos conforme atardece. Otra opción con vistas panorámicas y una propuesta de snacks más innovadora es La Veranda, en el Hotel Castillo de Gorraiz, o el espacio de libre acceso en Larraina, que también cuenta con oferta de coctelería junto a la piscina.
El tardeo no se entiende sin un buen picoteo, y hay paradas que son prácticamente obligatorias en cualquier ruta por el Casco Viejo. La Vermutería Río en San Nicolás sigue siendo el referente con su vermú de grifo y sus fritos de huevo, de los que han vendido ya más de un millón y medio. En la misma calle, Baserriberri ofrece esa cocina creativa que les ha valido premios en la Semana del Pintxo, mientras que en Mercaderes, Iruñazarra despliega su barra de pinchos y sus conocidas croquetas de trufa y hongos. Si la tarde se alarga y buscas algo más contundente, los bocadillos de Casa Jesús Mari en San Agustín son una opción segura, al igual que la ensaladilla de La Bankada en la calle Castillo de Maya. Para los que prefieren zonas algo más amplias y menos saturadas, las terrazas de la bajada del Labrit o las calles Olite y Roncesvalles, donde se ubica La Botería, son alternativas perfectas para disfrutar del clima de mayo antes de que la ciudad cambie por completo con la llegada de las fiestas.
Fecha de publicación
11 de mayo de 2026
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