
Hay escapadas que empiezan antes de llegar al destino. Esta parte de Pamplona con un periódico de julio de 1986 bajo el brazo y sigue la línea de autobús hacia el valle del Baztán. La idea, recogida por Noticias de Navarra en un artículo publicado el 9 de agosto de 2026, es mirar el trayecto con dos tiempos a la vez: el de aquella Pamplona de anuncios, mercados y noticias, y el de los pueblos del norte de Navarra que todavía conservan una relación muy visible con el paisaje y la memoria.
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El punto de partida puede ser la Plaza de Toros Monumental de Pamplona, el lugar al que se trasladó temporalmente el Mercado de Santo Domingo durante unas obras en 1986. El ejemplar de entonces hablaba de comerciantes, comercios y viviendas de Iturrama y Azpilagaña, además de recoger la actualidad política y social de la época. La plaza, inaugurada el 7 de julio de 1922 y proyectada por Francisco Urcola, también permite repasar la evolución urbana de la ciudad: en 1966 fue ampliada con un proyecto de Rafael Moneo y en las obras de 2004 y 2005 aparecieron restos de una fuente, un canal, un puente y del antiguo Revellín de la Tejería.
Desde Pamplona, el recorrido hacia el Baztán atraviesa varias localidades navarras antes de entrar en el ambiente del valle. La línea 114 de La Burundesa pasa por Almándoz, Ventas de Arraiz, Olagüe, Ostiz, Sorauren y Burlada. En Almándoz merece la pena fijarse en una casa de la calle Mayor decorada con bajorrelieves de motivos pastoriles, etnográficos y costumbristas. El trayecto funciona como una transición gradual: de la ciudad y sus referencias de 1986 a un territorio de montaña donde el euskera, la ganadería, los caseríos y los usos compartidos de pastos, aguas y leña forman parte de la identidad local.
Elizondo concentra buena parte de las visitas culturales. La calle Jaime Urrutia, el puente de Txokoto, el palacio barroco de Arizkunenea, el Ayuntamiento y la iglesia de Santiago permiten recorrer la arquitectura del valle, marcada también por las casas señoriales levantadas por familias que hicieron fortuna en América. El río Bidasoa acompaña el paseo y conecta el núcleo urbano con el paisaje húmedo del Baztán. Desde aquí se puede continuar hacia Ziga, con su iglesia de San Lorenzo y el mirador del valle; Irurita, donde se encuentran la plaza de la Duquesa de Goyeneche, el palacio de Jauregizuria y la plaza del rebote; o Arizkun, con el barrio de Bozate, el palacio de los Ursua y la iglesia de San Juan Bautista.
Para añadir una caminata, desde Erratzu parte el itinerario a la cascada de Xorroxin, entre hayas y castaños. El recorrido dura algo más de dos horas y en verano hay que reservar plaza de aparcamiento. Otra parada con una carga histórica distinta es Amaiur/Maya, último reducto de resistencia navarra frente a la conquista castellana. Su pueblo-calle conserva palacios y casas tradicionales, mientras que el museo arqueológico reúne los materiales relacionados con el antiguo castillo. El aparcamiento estival es gratuito, pero requiere reserva e incluye la entrada al museo.
El viaje puede prolongarse hacia las cuevas de Zugarramurdi y Urdazubi/Urdax, el Parque Natural del Señorío de Bertiz o el molino de Amaiur, siempre ajustando el plan al tiempo disponible y a las reservas necesarias. También existe la visita guiada por los escenarios de la Trilogía del Baztán y el Camino de Santiago baztanés, un recorrido señalizado de 77 kilómetros que enlaza con el Camino Francés a la altura de Pamplona. Entre el periódico de 1986, la historia de la plaza y las paradas del autobús, la escapada propone leer Navarra por capas, sin separar la memoria urbana del paisaje que empieza al norte de la capital.
Fecha de publicación
11 de agosto de 2026
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