
Palma está viviendo un momento de revalorización de su patrimonio comercial y, si te gusta pasear por el centro, habrás notado que algo se mueve en la calle Orfila. La reciente intervención en Can Frasquet ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de proteger la identidad de nuestros locales de siempre. Este establecimiento, que tiene actividad documentada desde 1697 y estuvo en manos de la familia Casasayas durante más de un siglo, inició este mismo mes de abril de 2026 los trabajos para restaurar su fachada. La idea es cumplir con el requerimiento municipal de finales del año pasado y devolverle su aspecto original, retirando elementos modernos como el césped artificial o los rótulos actuales para recuperar detalles históricos como la cabeza de serafín de la esquina con la calle Costa d'en Brossa.
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Siguiendo este hilo de locales con solera, la ciudad conserva doce hornos y pastelerías catalogados como emblemáticos que son perfectos para una parada técnica. Ca'n Joan de s'Aigo, fundado en 1700, sigue siendo el punto de referencia para un helado de almendra o un chocolate caliente, ya sea en su local de Can Sanç o en el más reciente de la calle Sindicat. Cerca de allí, en la Plaza de Weyler, el Fornet de la Soca ocupa desde hace unos años el antiguo Forn des Teatre, manteniendo viva la arqueología gastronómica local. Otros nombres que mantienen el ritmo diario son el Forn Fondo, gestionado ya por la cuarta generación de la familia Llull y famoso por sus 'quartos embatumats', o la Xurreria Rosaleda, que este 2026 celebra precisamente sus 50 años de actividad en la costa de La Pols.
En este paseo por el centro también te cruzas con la historia viva de otros obradores como el Forn de la Glòria, que conserva su horno de leña desde 1717, o el Forn de la Pau, con tres siglos de trayectoria a sus espaldas. Es curioso ver cómo algunos negocios se transforman para sobrevivir, como ha pasado con La Mallorquina, cuyos locales acaban de ser adquiridos por la Pastelería Cirer esta misma semana. Otros mantienen su ubicación histórica contra viento y marea, como la Panadería s'Estació en la calle Sindicato, heredera de la antigua Casa Pujadas de 1870, o el Forn del Santo Cristo, que lleva desde 1910 en la calle Els Paraires.
Caminar entre estas pastelerías permite, además, fijarse en la arquitectura que las rodea, muy marcada por el modernismo de principios del siglo XX. Mientras vas de un horno a otro, es fácil toparse con edificios como el Gran Hotel de Domènech i Montaner, la Casa Forteza-Rey con su llamativo trencadís o los Almacenes l'Águila. Incluso el propio edificio donde se ubica Can Frasquet forma parte de este conjunto de construcciones que definen el carácter de Palma. Al final, conservar estos comercios y sus fachadas es lo que evita que el centro se convierta en un lugar genérico y mantenga ese aire tan nuestro que tanto valoramos.
Fecha de publicación
12 de abril de 2026
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