
Palma ha sido históricamente una de las ciudades con mayor densidad de salas de cine de toda España, un dato que a veces olvidamos mientras caminamos por calles llenas de franquicias. Hace apenas unos días, el 8 de marzo de 2026, se presentó el libro Palma, ciutat de cinemes, una obra de la historiadora Verónica Fiol y el fotógrafo Tomeu Fiol que documenta 129 años de esta trayectoria. Según sus investigaciones, la ciudad llegó a albergar 104 edificios dedicados al séptimo arte. Todo empezó en 1897 con la primera proyección en el Teatre Principal, y desde entonces, la transformación urbana ha convertido la mayoría de esos templos del celuloide en sucursales bancarias, bingos o bloques de viviendas.
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Si hoy queremos ir al cine en el centro, la oferta se reduce a siete complejos que resisten el paso del tiempo. El Cine Augusta Aficine, situado en la Avenida Joan March Ordinas, es quizás el que tiene la carga histórica más densa. Antes de ser rehabilitado como cine a mediados de los años cuarenta, el edificio era el almacén 'Can Mir', utilizado como prisión entre septiembre de 1936 y enero de 1941. Actualmente cuenta con 7 salas y 1.383 localidades. Una ventaja práctica es que, al igual que el Cine Rívoli Aficine, ofrece dos horas de parking gratuito en el aparcamiento de Comte Sallent. En ambos casos, el precio general es de 7,50 euros, pero si puedes escaparte un miércoles no festivo, la entrada baja a los 3,90 euros. El Rívoli, en la calle Antoni Marquès, mantiene además una Galería Superior dedicada a exposiciones que le da un aire cultural muy interesante.
Por otro lado, en el complejo de S'Escorxador encontramos CineCiutat, un espacio que funciona bajo un modelo de gestión de membresía. Es el lugar de referencia para ciclos de clásicos en colaboración con la FilmUIB y programas como 'CineCiutat Nins'. La entrada general cuesta 7 euros, aunque los lunes se queda en 5 euros y los socios pagan solo 4 euros. Es un ambiente muy distinto al de las grandes cadenas, más enfocado a la comunidad. Estos tres ejemplos son los pilares de lo que queda de aquel esplendor que empezó a apagarse en los años ochenta con la irrupción del VHS y el cambio de hábitos de consumo hacia los complejos multisalas de la periferia.
La nostalgia se hace más evidente cuando pasamos por lugares como el antiguo Cine Born. Inaugurado en abril de 1931 y diseñado por Gaspar Bennàssar, fue un referente absoluto con sus más de 1.300 butacas hasta que cerró en mayo de 1988. Hoy, como tantos otros, es una tienda de moda. Algo parecido ocurrió con el Cine Fantasio, que cerró en 1984 tras proyectar 'El Padrino'. Sin embargo, hay una pequeña victoria reciente: en febrero de 2026, el Ibavi inició un proyecto para rehabilitar el edificio conservando elementos icónicos como su rótulo de neón de 1957 y parte de sus asientos originales. La lista de nombres desaparecidos es inmensa: el Palacio Avenida, el Metropolitan, el Chaplin, el Hispania o el Astoria. Para quienes quieran profundizar en esta crónica social, la exposición temática en la Misericordia es el complemento perfecto a la lectura del nuevo libro.
Fecha de publicación
11 de marzo de 2026
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