
Hoy es Dimecres de Cendra, 18 de febrero, y mientras Palma se prepara para el entierro de la sardina que cierra el ciclo, todavía se siente el eco de lo que pasó el sábado pasado en la calle Blanquerna. Si vives en la ciudad, sabrás que existe una división clara entre quienes van a ver las carrozas institucionales de Sa Rua y quienes prefieren Els Darrers Dies, esa propuesta que el colectivo Orgull Llonguet ha convertido en el carnaval "verdadero" para muchos vecinos. El nombre no es un invento moderno; es la denominación tradicional mallorquina para los días previos a la Cuaresma, un concepto que recupera la esencia de la fiesta antes de que el término "Carnaval" se globalizara a finales del siglo XIX.
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El pasado sábado 14 de febrero, la calle Blanquerna volvió a ser el escenario de esta celebración autogestionada que se extiende desde las Avenidas hasta la plaza Santa Pagesa. Lo que diferencia a este evento es su carácter vecinal. Aquí no hay vallas que separen al público de un desfile; la fiesta sucede entre la gente y los comercios locales. El programa arrancó sobre las 18:30 con el ya clásico Correbars, una ruta por los locales de la zona amenizada por la charanga 1 Ronda+. Establecimientos como Blat Al Sac, La Cabra Feliz, Clandestí Taller Gastronòmic, Suquía, Porkades o Mariscal del Jamón se llenaron de gente disfrazada que buscaba una forma de celebrar más cercana y menos rígida que la oficial.
Para entender por qué se le llama el carnaval auténtico, hay que mirar sus rituales. Uno de los más curiosos es el Joc dels cossiols, pensado para los más pequeños pero que acaba involucrando a todo el mundo. El personaje de la Cossiolera, montada sobre un gran baúl con ruedas, lidera la búsqueda de macetas de plástico escondidas por toda la calle. Es una forma de mantener vivo el espíritu de "pel carnaval, tot s'hi val", donde la sátira y el juego ocupan el espacio público. La jornada del sábado terminó en Santa Pagesa con la Rompuda de cossiols, un acto de catarsis colectiva donde se rompen estas macetas, simbolizando el fin de los excesos antes de entrar en el periodo de contención de la Cuaresma. El cierre tuvo un toque muy actual con una jam de baile urbano donde participaron colectivos como Breaking Mallorca y Soul Ninja.
La historia de esta fiesta en Palma se remonta al año 1230. A pesar de las prohibiciones durante el franquismo, la recuperación de la fiesta en 1980 permitió que barrios como este volvieran a organizar sus propias celebraciones. En la edición de este 2026, se ha notado especialmente la implicación de entidades como la Asociación de Vecinos de Santa Pagesa y comercios como Melicotó o la juguetería Lasanta. Al final, Els Darrers Dies funciona como una frontera simbólica: es el último estallido de libertad y ruido antes del silencio reflexivo que marca el calendario litúrgico. Aunque hoy sea miércoles y toque guardar el disfraz, la calle Blanquerna ha dejado claro que el carnaval popular, el que se hace desde abajo, sigue siendo el que mejor conserva la identidad de la ciudad.
Fecha de publicación
18 de febrero de 2026
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