
Palma ha dado un paso definitivo para transformar su imagen más tradicional con la puesta en marcha de las galeras eléctricas. Tras años de debate sobre el bienestar animal y la necesidad de modernizar el transporte turístico en el casco antiguo, el Ayuntamiento y la Asociación La Calesa Palma han llegado a un acuerdo para que estos vehículos sin tracción animal empiecen a rodar por nuestras calles. La idea es mantener esa estética señorial que tanto nos gusta del centro, pero adaptándola a los tiempos actuales. De hecho, los conductores, liderados por Venancio Vargas, han sido claros: quieren que las nuevas carrozas sean elegantes y respeten la historia de la ciudad, alejándose de diseños que no encajen con el entorno de la Catedral o el Palacio de la Almudaina. Esta transición, que ya hemos visto funcionar con éxito en Alcúdia desde el año pasado, busca que los 28 titulares de licencias actuales puedan seguir trabajando de una forma más sostenible y ética.
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Recorrer el centro histórico en estas nuevas calesas permite redescubrir rincones como el barrio judío, la Iglesia de Montesión o el Palacio March sin las preocupaciones que generaba el modelo antiguo. Aunque el coste de los trayectos se ha movido históricamente entre los 60 y 90 euros por media hora, la llegada de los motores eléctricos promete una experiencia más fluida y acorde con la normativa de bienestar animal. Los caballos que hasta ahora hacían este trabajo están siendo reubicados con la supervisión de las autoridades para asegurarles una jubilación digna, evitando cualquier sacrificio. Mientras tanto, el consistorio está agilizando los trámites para que la flota eléctrica esté operativa este mismo verano de 2026, apoyándose en la mediación del regidor de Movilidad, Toni Deudero, para que los caleseros encuentren las líneas de financiación necesarias para adquirir los nuevos vehículos.
Este cambio no viene solo, ya que coincide con un esfuerzo por cuidar mejor nuestro patrimonio. Seguramente habrás notado que se han limpiado miles de grafitis en las fachadas de piedra caliza del centro y que se está mejorando la iluminación dinámica para que pasear de noche sea más agradable y seguro. La transición a las galeras eléctricas es voluntaria, pero el apoyo de colectivos como Progreso en Verde y la buena acogida de los propios conductores indican que el modelo de tracción animal irá desapareciendo progresivamente. Es una forma de mantener viva una parte de la historia de Palma, que se remonta a finales de los años 50, pero sin los conflictos éticos del pasado. Ahora, el casco antiguo se prepara para una temporada donde el silencio de los motores eléctricos sustituirá al sonido de los cascos sobre el pavimento, permitiendo disfrutar de la arquitectura gótica y los patios mallorquines con una mirada mucho más consciente.
Fecha de publicación
27 de marzo de 2026
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