
Hay sitios que no cambian, y La Mejillonera es uno de ellos. El bar, que en realidad se llama Cervecería La Mejillonera, está en la calle Los Soldados, 7, en pleno centro de Palencia, y lleva abierto en esa misma dirección desde 1973. Más de medio siglo sin haber tocado casi nada de su historia, que es precisamente lo que lo hace especial: entrar hoy es prácticamente lo mismo que entrar hace décadas.
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El nombre no es casual. Su especialidad son los mejillones, que se sirven en cinco elaboraciones distintas: a la escocesa, en vinagreta, a la marinera, con limón y con mayonesa. Alrededor de ese clásico giran el pulpo a la gallega, los calamares, las gambas cocidas y las rabas al estilo de Cantabria. Pero, siendo sinceros, casi todo el mundo va por otro motivo. Las patatas bravas son la tapa estrella y la verdadera seña de identidad del local, reconocidas como unas de las mejores de España, de Castilla y León y, según quien lo cuente, del mundo. En 2018, una encuesta del diario 20 minutos, recogida por Cadena SER, las situó en el primer puesto nacional, superando a otros establecimientos célebres por más de 30.000 puntos. La cifra que maneja el local da una idea del volumen: entre 90.000 y 100.000 kilos de patatas bravas al año.
El proceso detrás de ese plato tiene su ritual. Una máquina especial lava y pela las patatas automáticamente, pero después se repasan a mano para quitar restos de piel y ojos; se cascan manualmente y se dejan en cubos de agua en cámara antes de freírse en tandas. El remate es el dúo de salsas: una capa generosa de salsa amarillenta cremosa y la característica salsa roja picante, receta secreta de la casa. Y sí, también se pueden pedir para llevar.
El ambiente es el de un bar de barrio informal y animado, casi siempre lleno. La decoración es veterana, con cáscaras de mejillón incrustadas en las paredes tras la barra y un cartel dedicado al molusco. El servicio se hace mayoritariamente de pie en la barra, con los camareros cantando los pedidos a la cocina a grito limpio, y la cerveza se pide en caña, medio cachi, cachi o cachi-cachi, ya sea rubia o negra.
Los precios son populares y las tapas se pagan. Para que te hagas una idea: las patatas bravas cuestan 3 euros, el bocadillo de calamares con salsa brava, 8 euros, la caña, 4 euros y una cerveza oscura tipo stout en media pinta, 8 euros. La valoración general ronda las 4,3 estrellas sobre 5, con más de 20.000 opiniones acumuladas, y otras fuentes suben la nota hasta el 4,5 o el 5. Dos cosas antes de ir: el local cierra los martes y no acepta reservas, así que toca llegar con tiempo y contar con que habrá que esperar. Si buscas un sitio con mantel y reserva, este no es el tuyo; si buscas el bar de tapas más mítico de Palencia, es exactamente donde tienes que estar.