
Hay una forma de entender la Montaña Palentina que no pasa por mirar al horizonte, sino por fijarse en lo que se pisa. El Geoparque de Las Loras, reconocido como Geoparque Mundial de la UNESCO en 2017 y el primero de Castilla y León en conseguirlo, ha puesto el foco en sus empedrados tradicionales: esos caminos construidos con piedra natural, típicos de la arquitectura rural palentina, que durante siglos han conectado aldeas y fincas. Son, en el fondo, la firma humana sobre un terreno que tiene una historia geológica mucho más antigua.
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Para situarse, el Geoparque se extiende entre las provincias de Palencia y Burgos, al oriente de la Cordillera Cantábrica, sobre un antiguo fondo marino levantado hace unos 250 millones de años. Abarca dieciséis municipios repartidos entre ambas provincias, con Aguilar de Campoo, Santibáñez de Ecla, Alar del Rey, Berzosilla y Pomar de Valdivia en el lado palentino. El paisaje se define por las 'loras', plataformas calizas elevadas de bordes escarpados donde el agua ha ido disolviendo la roca y creando dolinas, cuevas y desfiladeros, separadas entre sí por cañones fluviales como el de la Horadada, el del Ebro o el del Rudrón. En medio de todo eso, los empedrados funcionan como hilo conductor entre la arquitectura popular, las iglesias románicas y los eremitorios rupestres de la zona.
Si lo que buscas es caminar, el Geoparque tiene un catálogo de rutas señalizadas que se adaptan a casi cualquier plan. La Ruta Roja, desde Mave hasta Las Tuerces pasando por el Cañón de la Horadada y Villaescusa de las Torres, son 5,6 kilómetros y unas dos horas con dificultad baja. La Ruta Amarilla alarga el recorrido hasta los 8,3 kilómetros y las tres horas, subiendo hasta Monte Cildá. La Ruta Verde sale de Aguilar de Campoo y sigue el río Pisuerga hasta Villaescusa de las Torres, 7,3 kilómetros y dos horas. La Ruta Rosa asciende desde el pueblo de Gama hasta su castillo, atravesando la meseta caliza en unos 7 kilómetros. Y la Ruta Azul, la más exigente, une Mave y Gama pasando por el enclave burgalés de La Rebolleda y la ermita rupestre de San Pelayo, con 9,2 kilómetros y unas tres horas y media. Para quien busque algo más corto y accesible, hay un recorrido que parte de Villaescusa de las Torres, 5 kilómetros y dos horas con dificultad fácil.
El punto más espectacular sigue siendo Las Tuerces, declarado Monumento Natural: un sinclinal colgado de unos 7 kilómetros cuadrados con setas pétreas, arcos naturales y callejones estrechos esculpidos por la erosión del agua sobre la caliza. Cerca, el Cañón de la Horadada, excavado por el Pisuerga, es otro de los grandes escenarios. La fauna acompaña el recorrido: águila real, buitre leonado, halcón peregrino, lobo, jabalí o gato montés entre las 75 especies de aves y los mamíferos que habitan la zona. Para organizar la visita, el Centro de Recepción de Visitantes está en Villadiego, en la calle Diego Porcelos, 8, y atiende en el teléfono 659 491 537. Es un buen punto de partida para decidir por dónde empezar a recorrer un territorio donde la piedra cuenta dos historias a la vez: la del fondo marino que lo levantó y la de los caminos que lo han ido uniendo.
Fecha de publicación
26 de agosto de 2026