
Ayer, 28 de diciembre, Oviedo se despertó con la noticia de que Mafalda había desaparecido de su banco en el Campo San Francisco. Por supuesto, siendo el Día de los Santos Inocentes, se trataba de una broma orquestada por el Ayuntamiento y la Fundación Inocente, que sustituyeron a la niña por un monigote solidario. Este gesto, que cerró el año en que Oviedo fue nombrada Ciudad Inocente 2025, nos recordó que nuestra capital es, ante todo, un museo al aire libre, con más de un centenar de esculturas repartidas por sus calles.
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La estatua de Mafalda ya está de vuelta en su sitio, sentada en un banco junto al Estanque de los Patos en el Campo San Francisco. Es una de las figuras más fotografiadas, y su historia está ligada a los Premios Princesa de Asturias: se instaló en 2014, el año en que su creador, el humorista gráfico argentino Quino, fue galardonado con el Premio de Comunicación y Humanidades. La escultura, obra de Pablo Irrgang, está hecha en arcilla y recubierta de resina y fibra de vidrio, y es una réplica de la original de Buenos Aires. Es el punto de partida perfecto para una ruta a pie por el centro, donde cada esquina esconde una historia.
Si salimos del Campo San Francisco y caminamos hacia el centro, llegamos a la Calle Milicias Nacionales, donde nos espera Woody Allen. Esta estatua de bronce, creada por Vicente Menéndez-Santarúa Prendes (Santarúa) e instalada en 2003, es un homenaje al cineasta tras recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002. La conexión de Allen con Oviedo es profunda, y en una placa a sus pies se recoge su famosa descripción de la ciudad: «Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada; es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera… Oviedo es como un cuento de hadas». Si la ves sin gafas, no te sorprendas; el vandalismo hace que tengan que reponerlas con frecuencia.
Desde allí, es fácil llegar a la Plaza de Alfonso II, el Casto, justo frente a la Catedral, donde se encuentra La Regenta. Esta escultura de bronce de 1997, obra de Mauro Álvarez Fernández, rinde tributo a Ana Ozores, la protagonista de la novela cumbre de Leopoldo Alas Clarín. La novela, ambientada en la ficticia Vetusta (que es Oviedo), es una crítica social del siglo XIX, y la estatua, ligeramente superior al tamaño natural, la representa con su sombrero y vestimenta de época, sumida en sus pensamientos. Es un recordatorio de la rica historia literaria que define a la ciudad.
Para terminar el recorrido, nos dirigimos a la Plaza Escandalera, donde se alza la imponente La Maternidad. Esta escultura de bronce de Fernando Botero, creada en 1989 e instalada en 1996, es conocida popularmente como «La Gorda» debido a las formas voluminosas características del artista colombiano. Con 2,46 metros de altura y 800 kg de peso, la figura de la madre sentada con su hijo en el muslo se ha convertido en uno de los puntos de encuentro más clásicos de Oviedo. Es un ejemplo de cómo el arte contemporáneo se ha integrado en el paisaje urbano, conviviendo con figuras históricas y literarias. Oviedo es así, una ciudad que te invita a pasear y a redescubrir, a cada paso, las historias que sus esculturas tienen que contarnos.
Fecha de publicación
29 de diciembre de 2025
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