
Oviedo siempre ha tenido esa fama de ciudad dulce, pero estos días se nota especialmente en el ambiente. Si te gusta el chocolate, seguro que ya te has enterado de que la bombonería Diego Verdú acaba de llevarse el premio al segundo mejor bombón de Asturias en el concurso de Salenor. Su creación, llamada Besu de Fumu (beso de humo), es una de esas mezclas que al principio te hacen dudar pero que luego tienen todo el sentido del mundo. Jesús Valdés y su equipo han conseguido meter en un bocado el sabor de un otoño en el pueblo: chocolate ahumado con madera de roble y manzano, castaña, miel y un toque de gel de cerveza negra. Es una propuesta arriesgada que busca evocar esas tardes de sofá y manta junto a la chimenea, y la verdad es que ha funcionado muy bien entre el jurado.
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Si empiezas el paseo por la calle Cimadevilla, donde está la tienda original de los Verdú desde 1878, te das cuenta de que la tradición aquí se toma muy en serio. Además del bombón premiado, su bombón helado de turrón sigue siendo un referente por poco más de tres euros. Pero Oviedo no sería lo mismo sin sus otros grandes clásicos. A unos pocos minutos, en la calle Jovellanos, la fachada modernista de Camilo de Blas te obliga a parar. Allí el protagonista absoluto es el Carbayón, ese pastel de hojaldre y almendra marcona con su capa de yema y glasa de azúcar que crearon en 1924. Es curioso pensar que un dulce que nació para una feria hace más de un siglo se haya convertido en el gentilicio popular de todos nosotros.
Siguiendo la ruta hacia la calle San Francisco, llegamos a Rialto, que precisamente este año 2026 celebra su centenario. Es el lugar de las Moscovitas, esas pastas finas de almendra y chocolate que ya viajan por medio mundo pero que aquí seguimos comprando en su salón de té de siempre. Lo que hace especial a estas confiterías es que, a pesar de haber crecido tanto, mantienen procesos muy manuales. En el caso de Rialto, todavía hay confiteros que dosifican las pastas una a una con manga, algo que se nota en la textura final. Es esa diferencia entre lo industrial y lo artesano lo que hace que estas tiendas sigan llenas de gente que busca el sabor de toda la vida.
Para quienes prefieren la bombonería de autor más pura, Peñalba en Milicias Nacionales es una parada obligatoria desde 1930. Sus bombones, como el famoso Oricio de trufa negra o sus panteones artesanales, son pequeñas joyas que se elaboran sin conservantes ni aditivos. Muy cerca está también Ovetus, que aunque es más reciente (fundada en 1994), se ha ganado un sitio fijo en nuestras meriendas. Sus cajas de bombones artesanales son el recurso que nunca falla cuando tienes que llevar un detalle a una cena. Al final, ser un "llambión" en Oviedo es casi una forma de vida, y propuestas como el Pastel del Peregrino de la Confitería Jarama o las Regentinas de la Confitería Asturias demuestran que cada obrador tiene su propia seña de identidad.
Aunque la ruta oficial de Oviedo Llambión suele concentrarse entre mayo y junio, lo bueno de vivir aquí es que estos dulces están disponibles todo el año. Es una suerte poder recorrer el centro y encontrar establecimientos que han pasado por cinco generaciones manteniendo la misma calidad en la almendra marcona o en el tueste del cacao. Ya sea por probar la novedad ahumada de Verdú o por volver a los clásicos de siempre, Oviedo sigue demostrando que en el arte de la repostería artesana tiene muy pocos rivales.
Fecha de publicación
9 de marzo de 2026
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