
Oviedo siempre ha tenido una relación un poco especial con el agua. Al no tener un río que cruce el centro, la ciudad se las ha tenido que ingeniar desde hace siglos para que no faltara ni una gota. Ahora que se ha completado la reciente recuperación y limpieza de muchas de nuestras fuentes más icónicas, es el momento perfecto para fijarse en ellas con otros ojos. No son solo adornos en medio de una plaza; cada una cuenta una parte de la historia de cómo Oviedo pasó de ser un pequeño asentamiento a la capital que conocemos hoy.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Oviedo y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
Todo empezó allá por el año 761. Si alguna vez entras en el claustro del Museo Arqueológico, fíjate en un cristal rectangular en el suelo. Ahí están los restos del manantial original donde se asentaron los primeros vecinos alrededor del monasterio de San Vicente. En aquel entonces, se primaba más la calidad que la cantidad, y ese agua era excelente. De esa época más antigua nos queda la Fuente de Foncalada, en la calle que lleva su nombre. Es una joya del prerrománico que mandaron construir Alfonso II o Alfonso III en el siglo IX y que sigue ahí, aguantando el paso del tiempo. Es de los pocos monumentos civiles de esa época que se conservan, y verla ahora limpia es una oportunidad para apreciar sus detalles.
A medida que la ciudad crecía, los pozos de la Catedral o de los monasterios ya no daban abasto. En el siglo XVI se hizo una de las obras más importantes: la traída de aguas desde Fitoria y Boo, que se terminó en 1602. Para que el agua llegara al centro, tuvieron que construir el acueducto de Los Pilares, que llegó a tener 41 arcos. Hoy solo vemos una parte de esa estructura, pero fue clave para el desarrollo urbano. También por esos años se gestionó la desecación de la laguna del Fontán, un trabajo que terminó en 1658 y que permitió sanear y ampliar la ciudad hacia esa zona.
El gran cambio tecnológico llegó en el siglo XIX. Hasta entonces, las tuberías eran de barro cocido y daban bastantes problemas. En 1864, el ingeniero Pérez de la Sala diseñó un sistema moderno con tuberías de hierro fundido y un gran depósito en el Rosal. Todo esto se inauguró el 21 de septiembre de 1875, y para celebrarlo se instaló La Fuentona, esa fuente conmemorativa que preside la entrada al Campo de San Francisco. A partir de ahí, la bùsqueda de agua se fue alejando más: primero en el Aramo, luego en Riosa y Morcín a principios del XX, lo que trajo la inauguración del depósito de Buenavista en 1905. Incluso durante la Guerra Civil hubo momentos críticos cuando el canal del Aramo fue volado, obligando a racionar el suministro.
En las ùltimas décadas, la infraestructura ha seguido evolucionando con la presa de los Alfilorios en los años 70 o los nuevos depósitos del Cristo terminados en 2021. Al final, este recorrido por las fuentes es un paseo por la supervivencia y el ingenio de Oviedo. Aunque en Asturias existen otras rutas fluviales famosas, como la ruta del agua en Taramundi, redescubrir nuestra propia ciudad a través de estos rincones rehabilitados es un plan diferente para cualquier día de la semana.
Fecha de publicación
16 de marzo de 2026
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Oviedo y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad