
La semana pasada, Oviedo perdió uno de sus grandes puntos de encuentro. El pasado sábado, 17 de enero de 2026, el emblemático Café Rívoli de la calle Uría bajó la persiana por última vez, cerrando casi siete décadas de historia. El cierre, motivado por la jubilación de su propietario, Antonio Gutiérrez, ha sido un golpe de nostalgia para muchos ovetenses. Clientes habituales, como Encarnación Marrón, lamentaban que se fuera el local que tenía el mejor café de la ciudad y que era un segundo hogar. El Rívoli no era solo un lugar para tomar café; desde su apertura alrededor de 1957 (en un local que antes fue zapatería, de ahí su nombre en homenaje a la localidad italiana), fue un referente cultural, acogiendo exposiciones de artistas como Manuel García Linares o Eduardo Úrculo en su sótano durante los años sesenta. Aunque el local seguirá vivo, ya que la cadena de churrerías Robi lo reabrirá tras una reforma, la imagen de esa esquina sin el Rívoli ya es historia. Este tipo de cierres nos recuerdan lo frágil que es la memoria urbana y nos invitan a valorar esos otros rincones que, a pesar del paso del tiempo, siguen en pie.
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Por eso, y para honrar el espíritu de conversación y solera que el Rívoli representaba, proponemos una ruta por los cafés y pastelerías históricas de Oviedo que aún conservan su encanto. Si buscas ese ambiente de tertulia y tradición, el Café Dólar es una parada obligatoria. Situado en la Plaza Porlier 2, sus orígenes se remontan a 1895. Tras ser dañado en la Guerra Civil y restaurado en 1943, mantiene ese regusto clásico con su barra de madera, mesas de mármol y espejos enormes. Es un lugar perfecto para una conversación pausada, tal como se hacía en el Rívoli.
Si lo tuyo es el dulce y la pastelería con historia, Oviedo tiene tres pilares que siguen funcionando. El primero es Rialto, en la calle San Francisco 12, un salón de té de toda la vida, famoso por sus inconfundibles Moscovitas. De hecho, Rialto acogió en su momento a la tertulia operística de los Puritanos, que tuvo que trasladarse desde el mítico Café Peñalba cuando este cerró en 1962. Aunque el café Peñalba de la calle Uría ya no existe (hoy es una perfumería), la Confitería Peñalba sigue abierta en Milicias Nacionales 4, manteniendo viva la tradición de sus bombones y dulces desde 1930. Y por supuesto, no podemos olvidar a Camilo de Blas (Calle Jovellanos 7), abierta desde 1914, donde se inventó el carbayón, el dulce que da nombre a los ovetenses. Si buscas un clásico para merendar, también tienes La Mallorquina (Milicias Nacionales 5), otro establecimiento con pastelería artesanal que sigue siendo un referente.
Esta ruta por los supervivientes nos recuerda que la cultura del café en Oviedo es profunda. Si bien el Rívoli se apaga, y otros grandes como el Café Español (que cerró a mediados del S. XX tras ser un centro de tertulias y espectáculos de varietés en Cimadevilla) son solo un recuerdo en el Archivo Municipal, la ciudad sigue ofreciendo espacios con alma. Incluso si prefieres el café de especialidad con un enfoque más moderno, tienes opciones de calidad como Pionero Coffee Roasters (Marqués de Pidal 21), que tuestan su propio grano, o el acogedor Per Se (Calle Canóniga 18), conocido por su ambiente dogfriendly y sus cafés de tarde. Al final, la esencia de Oviedo reside en esos locales que, sean centenarios o de nueva generación, nos invitan a sentarnos, charlar y disfrutar de la vida sin prisas.
Fecha de publicación
19 de enero de 2026
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