
Hay una forma distinta de mirar el centro de Oviedo y es seguir las placas. El proyecto 'El Oviedo medieval se hace legado' ha ido recuperando la toponimia histórica del casco antiguo instalando placas que recuerdan los nombres y los emplazamientos medievales de las calles, una iniciativa liderada por María Álvarez Fernández, profesora universitaria de Historia medieval en la Universidad de Oviedo. El trabajo documentó más de cuarenta calles medievales, aunque lo que se ha colocado son veinticuatro placas: ese número no es casual, representa a los 'hombres buenos' de los concejos abiertos, dos por cada gremio. Las piezas, de 60 por 40 centímetros en caliza natural, se instalaron con la colaboración de Alexis López Quintana, entonces responsable municipal de Topografía y Servicios de Infraestructuras, y del alcalde Alfredo Canteli.
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La primera placa se colocó en la plaza del Ayuntamiento para señalizar la antigua puerta de Cimadevilla; otra quedó en la antigua Puerta de la Ferrería y una tercera en la antigua calle Platería, que baja hasta la iglesia de San Tirso, hoy en la plaza de Alfonso II el Casto. A través de ellas se rememoran oficios medievales como Ferrería, Platería y la rúa de los Albergueros, y se identifican iglesias desaparecidas, como San Isidoro, en la actual plaza del Paraguas, o Santa María del Campo, en la zona de la Escandalera. El proyecto se gestiona bajo la Concejalía de Infraestructuras, dirigida por Nacho Cuesta, y la ruta prevista incluye la Rúa Mayor, Ferrería, el Peso de la Harina, Traslacerca y las puertas de la Gascona y de la Noceda.
Para orientarse conviene saber qué se está pisando. El casco antiguo, o 'Oviedo antiguo', es la ciudad medieval que quedaba dentro de la muralla, de la que aún se conservan fragmentos en las calles Paraíso y Jovellanos y en la Plaza del Riego. Se organiza en tres zonas: la primera, dominada por la Catedral, la plaza de la Constitución y la plaza de Riego; la segunda, formada por la plaza del Paraguas, la calle Santa Ana y la calle Mon; y la tercera, por la Corrada del Obispo y la calle San Vicente.
Entre los puntos que quedan en el camino están la Plaza de Porlier, con la escultura 'El regreso de Willians B. Arrensberg' del artista Úrculo, instalada en 1993, y el Palacio del Conde de Toreno, del siglo XVII y casa natal de José Mª Queipo de Llano. En la Plaza de la Catedral están el Palacio de los Valdecárzana Heredia, también del siglo XVII, y la estatua de la Regenta. La Plaza Trascorrales conserva la escultura 'La Lechera' y fue el antiguo mercado de pescado. La Plaza de la Constitución alberga el Ayuntamiento y el arco de la puerta de entrada más importante de la antigua muralla medieval. La Plaza del Fontán, punto de encuentro con el mercado de flores y quesos, acoge la Biblioteca Pública Pérez de Ayala y el Palacio del Duque del Parque. Y la Plaza del Riego funciona como centro neurálgico de las fiestas de San Mateo.
Si se quiere ver todo esto con calma, lo recomendable es dedicarle un mínimo de dos días completos. El recorrido se completa visitando la Catedral de Oviedo, el Museo de Bellas Artes de Asturias, inaugurado en mayo de 1980 y con unas 10.000 piezas inventariadas de las que 400 se exponen al público, y el Museo Arqueológico de Asturias, ubicado en el antiguo Monasterio de San Vicente, con 4.800 metros cuadrados.
Fecha de publicación
9 de octubre de 2026
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