
La reciente celebración del centenario de la Confitería Rialto (1926-2026) nos recuerda que, hace justo un siglo, Oviedo estaba a punto de entrar en una de sus épocas doradas. Y no solo hablamos de dulces, sino de la vida cultural que florecía en el centro de la ciudad, especialmente el cine. Hubo un tiempo en que Oviedo presumía de tener una de las mayores concentraciones de butacas por habitante de toda España, y la experiencia de ir al cine era un evento en sí mismo, muy diferente a lo que conocemos hoy.
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Antes de que llegaran los multicines, la ciudad se llenó de grandes salas, auténticos palacios dedicados al séptimo arte. El Cine Principado (inaugurado en 1928 en Cabo Noval) fue uno de los más longevos, proyectando películas hasta 1996. Muy cerca, en la plaza Longoria Carbajal, estaba el Popular Cinema (1922), que tras varias reformas se convirtió en el Real Cinema, cerrando en 1998. Pero si hablamos de elegancia, el referente era el Cine Aramo (1943, en la calle Uría), conocido como el "Palacio del Cine" por su decoración suntuosa con mármoles y espejos. El Aramo cerró en 1984, y aunque hoy es una tienda de moda, todavía conserva algunos elementos de su pasado cinematográfico.
Junto a estas salas, los grandes teatros también jugaron un papel crucial. El Teatro Campoamor, por ejemplo, funcionó como cine comercial hasta 1975. Por su parte, el Teatro Filarmónica (1944) mantuvo proyecciones comerciales hasta 1999. Aunque ya no son cines de estreno, el Filarmónica sigue siendo un punto de encuentro para los cinéfilos, acogiendo ciclos municipales como SACO y RADAR, que mantienen viva la tradición de ver cine clásico y europeo en pantalla grande. Además, para los que buscaban algo más alternativo, el Cine Palladium (1968, Pumarín) fue durante trece años la sala de arte y ensayo de la ciudad, proyectando cine subtitulado y europeo.
La llegada de los multicines en la Transición marcó el principio del fin para los grandes palacios. Aparecieron los Multicines Clarín (1978, Valentín Masip) y los Minicines Salesas (1983). El Cine Ayala (1954, Matemático Pedrayes), con su llamativa decoración, resistió hasta 2002, pero la gran extinción se completó en 2007 con el cierre de los Brooklyn (1980, General Zuvillaga). Con su apagón, el centro de Oviedo se quedó huérfano de salas comerciales, dejando a los ovetenses con la única opción de los multicines en el centro comercial Los Prados, en Teatinos.
Esta situación de vacío duró 17 años, hasta que en abril de 2024, el cine regresó al corazón de la ciudad con la apertura de los Cines Embajadores Foncalada (Alfonso III El Magno/General Elorza). Este nuevo proyecto, con cuatro salas pequeñas y un enfoque en cine español, europeo y versiones originales, ha devuelto la experiencia del cine de barrio. Es un recordatorio de que, a pesar de los cambios y la especulación inmobiliaria que se llevó tantas salas históricas, la pasión por la pantalla grande en el centro de Oviedo sigue muy viva.
Fecha de publicación
16 de enero de 2026
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