
Oviedo pasó el sábado por una de esas noches en las que la ciudad se convierte en escenario. La Noche Blanca celebró su decimocuarta edición con 45 actividades repartidas por más de cuarenta espacios urbanos, patrimoniales e históricos, desde las cinco de la tarde hasta las tres de la madrugada, y todo gratis. Detrás está la Fundación Municipal de Cultura, que con esta cita quiere afianzar la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031, una de las cuatro finalistas españolas. El cartel, por cierto, lo firmó el artista asturiano Ricardo Villoria, nacido en Pola de Laviana en 1986.
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La literatura y las artes escénicas fueron buena parte del programa. La Alianza Francesa intervino las calles con graffiti inverso en Tras los pasos del Principito, mientras que en Kafka & Co Librería hubo taller de pintura para niños y cuentos de terror teatralizados. El Teatro Filarmónica acogió el estreno absoluto de Un rayo de luz, de Luz, micro y punto, y más tarde el encuentro con Maruja Torres. En la Capilla de la Universidad sonó Tiempos mágicos, con textos de Mario Obrero y música de Elia Pérez, y desde el Edificio Histórico salió un recorrido poético por el centro. La noche cerró con Marcos, del Teatro del Norte, en el Museo de Bellas Artes de Asturias, entre las once y la una.
La música se movió entre lo sagrado y lo contemporáneo. En el Monasterio de San Pelayo se pudieron escuchar las vísperas, la visita y las completas de la comunidad de monjas benedictinas, con aforo de 200 personas. En la Catedral, Bridget Bazile y Vincent Balse presentaron sus espirituales negros, y en el Teatro Campoamor el Deva Ensemble ofreció Un concierto de cerca. En el Cibercentro La Lila, Clorofila 3.0 trabajó en Concierto para hablar con los árboles, un proyecto de creación comunitaria.
Las instalaciones y el arte contemporáneo ocuparon buena parte del mapa. La Fábrica de Armas de La Vega albergó PUPPET, la instalación audiovisual interactiva de 1024 Architecture y Vitalic. En el Paseo del Angelín se instaló HULAHOO, de Collectif Scale, y en la Antigua Librería Polledo, La imagen tomada, el Atlas europeo de luz de Dos Ajolotes. Hubo también talleres móviles de serigrafía por el Casco Antiguo, con salida desde la Plaza de Trascorrales, y una muestra de artes plásticas en la Sala Borrón.
Las visitas guiadas abrieron puertas que no suelen verse de noche. Se pudo conocer la memoria industrial de Oviedo desde el Cibercentro La Lila, el patrimonio histórico-artístico de la Fábrica de Armas de La Vega en la Delegación de Defensa, y las instalaciones del INCAR en La Corredoria. La Junta General del Principado, la Cámara de Comercio y la Colección de Arte del Banco Sabadell abrieron sus puertas con pases limitados, y el Museo Arqueológico de Asturias mantuvo su visita libre hasta la una. La mayoría de estas actividades requerían inscripción previa, que se abrió el 24 de septiembre, mientras que el resto funcionaba por orden de llegada hasta completar aforo.
Para quien se lo perdió, la Fundación Municipal de Cultura atiende en su sede de la calle Pepa Ojanguren, y el Teatro Campoamor, epicentro cultural de la ciudad y sede de los Premios Princesa de Asturias, mantiene su programación en teatrocampoamor.es. La Noche Blanca ya es una cita fija del calendario ovetense, y su formato —muchos espacios abiertos a la vez y acceso libre— es precisamente lo que la organización quiere lucir en su camino hacia la capitalidad europea.