
Ourense siempre ha sido sinónimo de termas, pero últimamente la provincia está sacando a la luz una parte de su historia que estaba literalmente bajo nuestros pies. La Cámara Oficial Mineira de Galicia ha puesto en marcha una estrategia para diversificar lo que ofrecemos a quienes nos visitan, buscando alternativas sólidas al termalismo tradicional. El objetivo es sencillo: entender cómo el subsuelo y la historia industrial han moldeado el paisaje que vemos hoy. Para ello, han instalado una serie de tótems de hierro de unos 80 centímetros que esconden códigos QR con vídeos y rutas que explican el pasado de cuatro zonas muy concretas de nuestra geografía.
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Uno de los puntos que más llama la atención está en Viana do Bolo, concretamente en las minas romanas de As Borreas, en la parroquia de Caldesiños. Si alguna vez has estado en las Médulas de León, el paisaje te va a resultar familiar porque los romanos usaron aquí la misma técnica, la ruina montium. Básicamente, utilizaban la fuerza del agua para deshacer la montaña y extraer el oro. Ahora es un espacio de unas 20 hectáreas donde el naranja de la tierra contrasta con el verde del monte. Hay un par de miradores desde los que se ve perfectamente cómo la ingeniería de hace dos mil años transformó el relieve, dejando pináculos y cortes en la montaña que hoy son parte del patrimonio natural.
Si nos movemos hacia la comarca de Beariz, la historia cambia del oro al estaño y al wolframio. Esta zona tiene una tradición minera larguísima que empezó con los habitantes del castro de Magros. Lo curioso de Beariz es que, a diferencia de otras grandes explotaciones, aquí había muchos "mineros aventureros", gente del pueblo que compaginaba su ganado con pequeñas extracciones familiares. El wolframio fue especialmente importante durante las guerras mundiales para endurecer el acero, y eso marcó la economía local durante décadas. Paseando por allí todavía se pueden encontrar restos de los antiguos hornos de fundición y molinos que aprovechaban el agua de los ríos para mover los fuelles de las fraguas.
En la comarca de A Limia, el patrimonio geológico tiene una cara distinta, vinculada a la antigua Laguna de Antela. En Xinzo de Limia y Sandiás se han señalizado las areneras, que son las explotaciones de donde se extraía arena para la construcción. Al excavar en esta cuenca sedimentaria, el agua del acuífero afloró de forma natural y esas antiguas minas se han convertido hoy en lagunas llenas de biodiversidad. Es un sitio muy frecuentado por quienes disfrutan de la ornitología, ya que muchas aves acuáticas han vuelto a ocupar este espacio. Los tótems instalados en el Parque do Pombal de Xinzo y junto al ayuntamiento de Sandiás explican cómo funciona este ecosistema y por qué esa arena, fruto de la alteración del granito, es tan valorada.
Para terminar este recorrido por el subsuelo, en Verín el protagonismo es para el manantial de Cabreiroá. A veces olvidamos que el agua mineral es, ante todo, un recurso geológico. Allí se han colocado dos puntos informativos, uno en la propia fuente y otro en el quiosco de aguas, ese templete modernista de 1906 que es una joya arquitectónica. La información disponible explica cómo el agua de lluvia se filtra por el macizo granítico durante más de 200 años hasta que surge con sus propiedades minerales. Es un paseo muy tranquilo entre jardines y árboles centenarios que ayuda a ver el agua no solo como algo que bebemos, sino como el resultado de un proceso geológico fascinante que define a toda la comarca de Monterrei.
Fecha de publicación
25 de febrero de 2026
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