
La Manga del Mar Menor es, literalmente, una lengua de tierra: un cordón litoral de unos 21 kilómetros que une el Cabo de Palos con las Salinas de San Pedro del Pinatar y que deja a un lado el Mar Menor y al otro el Mediterráneo. Entre los dos mares apenas hay entre 200 metros y kilómetro y medio de ancho, y ese estrecho pasillo se formó por la colmatación de sedimentos del río Segura contra el cabo, con dunas y vegetación agreste cortadas por las golas, los canales naturales que mantienen el contacto entre ambas aguas. Hasta los años sesenta se mantuvo virgen; hoy hay hoteles, complejos residenciales, puertos náuticos y comercios. El clima ayuda: más de 300 días de sol al año, temperaturas medias de 18 grados y aguas cálidas durante todo el verano.
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La variedad de playas es lo primero que se nota. Están las calas más tranquilas, como Calblanque, con sus 300 metros dentro del parque regional y acceso en autobús en verano, o la Cala del Pino, muy popular por su pinada y sus atardeceres. Y también las playas urbanas y familiares: Honda de La Manga, con 700 metros de arena dorada, paseo marítimo, escuela de vela y zona de juegos; Cavanna, con más de un kilómetro; o Galúa, en torno a dos kilómetros de grano fino. En el extremo sur, Veneziola, con sus 1.500 metros, es donde mejor se percibe el encuentro entre los dos mares, con canales y un puente que le han valido el apodo de pequeña Venecia.
Cabo de Palos, a un cuarto de hora de Cartagena, es un pueblo pesquero famoso por su faro, sus calas de agua cristalina y por una de las mejores reservas marinas del mundo para bucear, que National Geographic situó entre los diez mejores sitios para el submarinismo. El faro, levantado sobre una antigua torre vigía del siglo XVI, mide 81 metros y se inauguró en 1865; la visita guiada dura media hora, cuesta 6 euros y hay que reservar con antelanto. A dos millas y media de la costa quedan las Islas Hormigas, con fondos declarados Reserva Marina Integral y pecios como el Naranjito o el Sirio, apodado el Titanic del Mediterráneo. En el Paseo de la Barra se concentran los restaurantes, con el arroz caldero, el pescadito frito y los pescados a la sal como protagonistas.
Para quien prefiera tierra firme, el Parque Regional de Calblanque ocupa el extremo oriental, entre Cabo de Palos y Portmán, con más de 2.500 hectáreas protegidas desde 1987: pinares, matorrales, ramblas, arenales, dunas y acantilados. El Centro de Visitantes Las Cobaticas abre en verano de martes a jueves y viernes y sábado por la mañana y tarde, y domingos y festivos por la mañana, con entrada de 5 euros y reserva recomendada. Desde allí parten rutas como el ascenso al Cabezo de la Fuente o la circular del Monte de las Cenizas, una colina de 307 metros que conserva la Batería de Cenizas abandonada en 1994, con sus cañones Vickers de 381 milímetros.
En el ámbito náutico, el Puerto Deportivo Tomás Maestre es uno de los más grandes del Mediterráneo, con 1.721 amarres y una superficie abrigada de 50.000 metros cuadrados, dividido entre el antepuerto en el Mediterráneo y el puerto en el Mar Menor, unidos por un canal navegable. Y si el plan es más deportivo, La Manga Club es uno de los resorts de golf más prestigiosos de Europa, con tres campos de 18 hoyos —el Sur, el Norte y el Oeste—, un centro de tenis de 28 pistas, siete de pádel, ocho campos de fútbol homologados por la FIFA, un hotel de cinco estrellas y un spa de inspiración árabe. La zona, en general, reúne escuelas de vela, esquí, windsurf, catamaranes, kitesurf, piragüismo y buceo.
Fecha de publicación
27 de julio de 2026
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