
Si vives en Mijas y llevas tiempo buscando una escapada de un día que no implique coger el coche durante horas, Alhaurín el Grande es una respuesta obvia: está a apenas 20 minutos, sobre la ladera de la Sierra de Mijas y en pleno Valle del Guadalhorce, entre Alhaurín de la Torre y Coín. Es un pueblo blanco con una historia larga y un patrimonio que se puede recorrer a pie, así que funciona igual de bien para una mañana tranquila que para una jornada completa.
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El casco histórico es donde se concentra lo más interesante. La Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, del siglo XVI, se levantó sobre una antigua construcción árabe y mezcla fachada renacentista, torre barroca e interior neoclásico; allí está la Virgen de Gracia, patrona del municipio. A su alrededor aparecen el Arco del Cobertizo, último vestigio de la muralla árabe del siglo XII que daba entrada a la antigua medina, y las ermitas de la Santa Vera Cruz y de San Sebastián, sedes de las dos cofradías rivales —los verdes y los moraos— cuya competencia marca la Semana Santa, declarada de interés turístico nacional de Andalucía. Un poco más arriba, la Torre Vigía de Hurique, una atalaya musulmana del siglo XII que servía para avisar de la proximidad del enemigo, se puede contemplar por fuera libremente, aunque el interior requiere visita organizada.
La parte cultural tiene un nombre propio: Antonio Gala. El escritor vivió en la finca 'La Baltasara', una casa rural malagueña del siglo XIX rodeada de huertos y del río Fahala, que el Ayuntamiento convirtió en Casa Museo y que se puede visitar de miércoles a domingos, de 10:00 a 14:00, desde 3 euros. El pueblo lo adoptó como hijo en 2012 y en su honor inauguró un teatro municipal. No es el único legado literario del lugar: el escritor y viajero inglés Gerald Brenan pasó aquí sus últimos diecisiete años y donó sus archivos y derechos de autor al municipio, y el fotógrafo modernista Gustavo Thörlichen dejó más de 2.500 obras tras fallecer en el pueblo.
La gastronomía es otro capítulo. Alhaurín el Grande forma parte de la zona de producción de la DOP Aceituna Aloreña de Málaga, y su cocina tiene platos con nombre propio: las sopas cachorreñas, el mojete con naranja, patata y bacalao, el gazpacho invernal sin tomate, las polcas de hojaldre y el pan de higo. En octubre de 2025, el Ayuntamiento celebró su incorporación como miembro fundador de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, un reconocimiento que encaja con una localidad que vive del campo y del aceite.
Para completar el recorrido, conviene acercarse al Molino de los Corchos, un molino harinero hidráulico del siglo XV reconocido como Patrimonio Inmueble de Andalucía y considerado el vestigio moro mejor conservado de la provincia, aunque hoy está cerrado. Si prefieres algo en marcha, el Molino de la Paca lleva más de un siglo elaborando aceite de oliva virgen extra con el método tradicional. Entre una visita y otra, el pueblo se llena de detalles: la Fuente Lucena, los restos de un acueducto romano y las columnas romanas de la Plaza del Convento. Con Mijas a un cuarto de hora y Málaga capital a media hora, es una excursión redonda y sin complicaciones.
Fecha de publicación
12 de agosto de 2026
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