
Hay calles que uno pisa todos los días sin saber que debajo hay capas enteras de historia. En el centro de Mérida, la Calle Ancha del Bazar es una de ellas: hoy es la vía de mayor aforo peatonal del primer cuadro, pero hace dos siglos fue el Paseo de las Bonitas, una alameda que marcó la vida social de la ciudad.
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El origen se remonta a las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII. La obra se gestó en el barrio de San Cristóbal, arrancó en 1789 y quedó lista en 1790 bajo la dirección de Lucas de Gálvez, entonces gobernador y capitán general de la provincia. En piedra quedó registrado que el proyecto incluyó cuarteles, faroles y casas para custodia e iluminación, un esmero de Gálvez por adornar la capital. Oficialmente se llamó Alameda de Gálvez, pero entre la gente se impuso el nombre de Paseo de las Bonitas por las costumbres sociales de la época, aunque hay pocos registros documentales que digan exactamente cuándo empezó a usarse ese apelativo.
En el siglo XIX, el paseo era uno de los cuatro espacios urbanos principales de Mérida, junto al Camposanto, la Cruz de Gálvez y el Limonar. Su trazo original ocupaba la calle 65, entre las calles 54 y 56 del centro. Con el tiempo cambió de nombre: primero se le conoció como Los Hidalgos y después adoptó la denominación de Calle Ancha del Bazar, vinculada al antiguo Hotel del Bazar, nombre que conserva hasta hoy. En esa etapa aparecieron los quioscos propiedad del Ayuntamiento, que desde 1976 habían sido concesionados a particulares, lo que arrastró conflictos por traspasos indebidos.
Para 1915 el paseo ya había desaparecido prácticamente como espacio de convivencia; los pocos árboles que sobrevivían se retiraron para dar paso a los quioscos, que terminaron convirtiéndose en una referencia histórica del centro. Hoy la calle conserva esa dualidad: edificios de estilo Bella Época en el costado sur y el aire de los últimos días de la Colonia en el norte. La memoria del paseo sigue viva en las crónicas locales, y en una publicación del 27 de enero de 2026, el entonces alcalde Federico Granja Ricalde habló de la necesidad de rescatar los quioscos para devolverle a la calle su esplendor.
Esa misma zona guarda otra historia. Donde hoy está el Mercado de San Benito se levantó la Fortaleza de San Benito, una ciudadela novohispana del siglo XVII construida entre 1669 y 1670 bajo el gobierno de Rodrigo Flores de Aldana para proteger la ciudad de levantamientos e incursiones de piratas. Tenía forma hexagonal sobre una loma, murallas de dos varas de ancho, seis medios baluartes, dos pozos de agua y almacenes de armamento. En 1861 el gobierno estatal pidió autorización federal para demolerla con un presupuesto de 2,000 pesos, y el espacio pasó después a la empresa del ferrocarril de Mérida a Peto. En la muralla oriental existió un escudo de la ciudad que fue rescatado en 1869 por el obispo Crescencio Carrillo y Ancona.
Así que, la próxima vez que caminen por la Calle Ancha del Bazar, recuerden que están pisando lo que fue la Alameda de Gálvez, el Paseo de las Bonitas, y que a unas cuadras, el Mercado de San Benito ocupa el sitio de una antigua fortaleza.
Fecha de publicación
23 de agosto de 2026
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